Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

KONVERGENCIAS LITERATURA

Año I Nº 1 Enero 2006

 

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ANAÏS NIN, UNA MIRADA

 

Cristina Roganti (Brasil)

 

 


 

 

 

 

 

El mapa es una representación de terreno con el cual el viajero anticipa algunos datos de la realidad. Sólo algunos datos. Será el viajero quien los resignificará según sus intenciones, el contexto, sus necesidades.

 

De la misma manera, todo texto sobre Anaïs Nin aporta algunos datos más o menos precisos, más o menos verificables. Informaciones sobre una vida de plenitudes abarcantes, generosa en bordes flexibles, factible de ser prejuzgados si la mirada no es de horizonte.

 

Entre los datos verificables se pueden precisar su nacimiento en Francia en 1903, sus 74 años plenos de recorridos por varios países, marcados por profundas amistades, por el estudio de Girandoux (y de sus "tres dioses de lo profundo: Dostoievsky instinto-incosciente), Lauwrwence (instinto-inconsciente),  Proust (inconsciente-análisis)" -tal como lo explicita en el tercer Diario.

 

Son 74 años de una mujer auténtica que logró vivir a su manera, habitando diversos paisajes en búsqueda ávida de la oportunidad de experimentar la realidad oculta bajo la superficie, la realidad del sueño y de las innumerables facetas del carácter, tal como el lector atento puede inferir en sus diarios.

 

 

La escritura de esta obra fue iniciada en Nueva York, en francés primero y más tarde en su rudimentario inglés. Según Gunther Stuhlmann-su representante literario-, comenzó el diario como una posible comunicación con su padre, a quien no perdonaba por haberla abandonado y poco a poco se convirtió en el campo de pruebas de una escritora en ciernes, cuyas posteriores novelas extraerían su sustancia y su técnica de dichos escritos.

 

Esas búsquedas comprometidas en los descubrimientos del yo y con viajes autobiográficos conforman una extensa obra en la cual, por ejemplo, reflexiona sobre el acto creativo.

 

 

El siguiente fragmento - extraído del Tercer Diario- explicita la forma en que Anaïs Nin devela los orígenes de un acto creativo, señala sus tiempos recurriendo a la intuición y el intelecto para su análisis:

 

 

“Generalmente, las ideas no me llegan cuando estoy sentada en la mesa escribiendo, sino en el mismo momento de vivir. Me encontraba bailando en Harlem cuando pude resolver la dualidad de mi cuento del barco-vivienda. Había dos formas de contar la historia y, como no sabía cuál de las dos elegir, cuento las dos. Una historia en dos niveles. Lo que ocurre de día y lo que ocurre por la noche en los sueños. Una historia empieza cuando me encuentro sentada en el café Flore y veo en el periódico el anuncio de que hay un barco-vivienda que se alquila.

 

Pero la otra versión habla de una visita que hice diez años antes a la casa que tenía Maupassante en Etretat, en la Bretaña. Una tormenta había arrastrado un barco pesquero hasta el jardín de la casa, y allí se quedó. Lo habían convertido en el cobertizo para las herramientas. Yo soñé que vivía en ese barco y esto, posteriormente, se convirtió en un cuento sobre un viaje en este barco, que duraba veinte años, tras empezar repentinamente a navegar durante la noche.

 

La noche, el sueño, la historia y el realismo tienen que fundirse ahora en un relato completo. Realismo: yo vi el barco convertido en un cobertizo para herramientas. Sueño: soñé que navegaba en él por un río interminable. Primero escribí la historia del sueño. Luego empecé a buscar una embarcación de verdad donde poder vivir, porque tomé el sueño como indicación de un deseo. Había soñado muchas veces en barcos varados por falta de agua. El barco del jardín de Maupassant, que había quedado en seco y no podía volver a navegar, me hizo recordar el sueño repetido. Para exorcizar el sueño, o para realizarlo, busqué el barco-vivienda auténtico, y me fui a vivir allí (y también soñé allí).

 

El cuento simbólico o profético, que describía un viaje de veinte años y terminaba con el regreso al punto de partida, se convirtió curiosamente en realidad cuando mi barco tuvo que regresar forzosamente a Neuily, donde yo nací.

 

Esta historia no se perdió en mi inconsciente. Estuvo esperando en la oscuridad de mi memoria hasta la llegada del momento de su realización.

 

Probablemente, tuvo influencia en la búsqueda de un barco donde vivir, y en el hecho de que alquilara y ocupara uno, encontrando al fin de esa vida en el río que yo había soñado.  En el café Flore, cuando mis ojos encontraron el anuncio, se produjo la erupción del sueño en la realidad.  Entonces volví a escribir el cuento.  La segunda versión era estilizada, mística: un poema.  El poema es un proceso de evaporización y destilación, alcanzar la quintaesencia es alcanzar el más profundo sentido de la historia.”