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Cultura y Valores

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LOS SOLES CONTRA EL MURO

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Vivir así. Sí. Coronar emociones, susurros, historias anteriores y actuales. Coronar el andar juntos, solidaridad absoluta. Coronar con tanto que no se puede nombrar porque es lista sin fin. Porque no es lo mismo ser juntos que estar al lado. Como aquellos que confunden tener una casa con vivir en un hogar. Si a uno le da vergüenza tanta obviedad.

Se habían visto por vez primera a la salida de la boca de un subte, lo que con los años comprenderían como la unión tras un viaje de profundidades. Se miraron y ambos se dieron cuenta de que no eran los ojos los que miraban: había un aire de magnolia inaugurada, de bermellones complementados por naranjas delicados, el sello invisible que acaba de ser grabado en cada pluma de los altos pájaros tras los altos árboles. Él le preguntó por una dirección que en realidad ya conocía. Ella le respondió a las dos inquietudes: a la referencia de mapa, y a la invitación mal disimulada. Por eso sonrió mientras contestaba, agregando: voy para allá, te indico cuando lleguemos. Y desde entonces están llegando, cada mañana, todas las noches. No saben los porqués de que se amen, ni siquiera qué es eso nombrado amor. Sólo pueden mencionar gustos, actitudes, valores, que él gusta de fijarse en toda ella mientras desayunan, que ella acomoda en él una camisa, un saco, y le deja tatuado un beso sobre el movimiento de sus respiraciones. Los mohines de tu boca no cotizan en bolsa, pero deberían hacerlo, suele decirle él. En ese sauce de allá se mueve su follaje como los dedos de tus manos sobre mí, suele decirle ella. Read More

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NOCHEBUENA, NAVIDAD

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¿Hay algo peor a que uno no lo amen?

Sí. Que uno no sepa amar. Porque entre atender y cuidar hay grandísimas diferencias.

¿Hay algo peor a que uno no lo amen y que uno no sepa amar?

Sí. Que uno no sea necesario, para quien sea, así fuere el anciano más odioso de la familia, pero que depende de nosotros para conseguir sus remedios.

Porque es verdad que, por lo general, hay verdades que nos ocultamos o no nos damos cuenta.

Por ejemplo, que siempre pedimos que nos amen antes de reflexionar si amamos como la otra persona nos pide.

Por ejemplo, que pocas veces pensamos en quienes nos necesitan antes que en nuestras propias necesidades. Read More

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SOY FRÁGIL. LO SÉ.

 

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¿En qué momento necesito una mirada cómplice?¿En qué momento necesito una voz alentadora?¿En cuál otro ese calorcito que asciende por el pecho y nos asciende y nos cuenta que esencialmente somos emociones en movimiento y es mentira cualquier otra creencia? Soy frágil. Lo sé.

Muchas veces me salvan la blanca estética de un jazmín, los canales y cicatrices de piedras extrañas que encontramos en una playa, en un arroyo, el aroma de las hojas de menta. Y cuando tu mano toma la mía mientras nos vamos durmiendo ahí se confirma que el universo entero está aprobado.

Soy frágil. Lo sé. No puedo ser de otra forma. Ni quiero. Toda mi fortaleza es levantarme cada día dispuesto a sostener lo que me llegue, sabiendo que no podré, pero lo intento, porque esa es mi condición de existencia, la de todos. Y cada noche me pregunto qué ha justificado mi vida, qué testimonio habrá de que ha valido la pena estar aquí.

Mientras, quedo en silencio, dejo que el silencio me traiga mundos de hangs y flauta:

https://www.youtube.com/watch?v=ZnTo57FU19I

 

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HABLO DE LAS PEQUEÑAS COSAS

 

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No hablo de las grandes felicidades, cada cual tiene su lista, sus logros y sus esperas. Hablo de las pequeñas cosas, ésas que de tan chiquitas parecieran no existir, o que no las advertimos.

Por ejemplo, vamos caminando, estamos en una plaza, un patio, un balcón, y de pronto una brisa suave sucede y nos abraza, está unos minutos que asoman como muchos y luego sigue su marcha, y nos deja otro, nos deja cambiados, nos deja inesperadamente nuevos. Sólo es necesario sentirla.

También nos pasa que alguien, sin motivo, en la fila de un banco, de un supermercado, de un bar, ante una pregunta que le hacemos nos responde con una sonrisa dulce, inmerecida casi, una sonrisa proclamadora de puentes agradables, y uno se sorprende y después se pregunta, tal vez no en ese momento pero seguro que luego, por qué tanto paraíso en los pequeños gestos.

Podría seguir con más referencias, pero hablo de que estoy llegando a casa, apenas entre te besaré y acariciaré tu rostro, ese milagro cotidiano que de tan cotidiano olvidamos con frecuencia que es un absoluto milagro, y mi mano acomodará tu cabello que no lo necesita pero que me gusta hacerlo, y Olivia, nuestra perra, se refregará en nuestras piernas, celebrando que he llegado, con un coro de brisas y sonrisas y manos femeninas que tocan en un guzhen:

 https://www.youtube.com/watch?v=wJnLPX7YpJA&index=3&list=PLglzhCF1qBInUg9tvTmZ-xD3j_6kLjTBE

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VERA HALL

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No se puede amar todo el día, todos los días. ¿Y entonces? Se busca refugio donde se pueda. Tal vez se acaricie y atiende a un perro; o se tome unos pinceles para elevarse en colores y formas y composiciones que no se sabe cómo finalmente quedarán; o se ruega que por Facebook, Twitter, Whatsapp, o tras el sonido del timbre, llegue alguna sonrisa que rescate y justifique.

Vera Hall cantaba en su cocina. Y John Lomax la grabó ahí, en 1937. Tenía entonces 35 años. La grabó cantando Trouble so hard  (“Los problemas son demasiado difíciles). Vivió hasta los 62, siempre como cocinera y lavandera, siempre en la misma miseria en la que vivió y murió, y ciega estaba ya a la hora de su partida. La cruz de madera sobre su tumba se perdió, y así se perdió su cuerpo. Nada de ella quedó. ¿Nada? Ella tampoco podía amar todos los días, todo el día. Y entre sus memorias está la luz de su voz, de su corazón, en la cocina, cantando Trouble so hard:

Ooh Lordy, troubles so hard

Ooh Lordy, troubles so hard

Don’t nobody know my troubles but God

Don’t nobody know my troubles but God

 

Te estamos escuchando, Vera, vos en tu cocina, nosotros acá:

https://www.youtube.com/watch?v=r9SENzRLk_M

 

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MELANCOLÍA

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¿Quién es tan insensible para no haber experimentado nunca la melancolía? ¿Y por qué vuelve cuando menos la esperamos? Por qué nos acecha, en la sombra, para adueñarse de nosotros, para dejarnos respirar con una serenidad falsa, ya que nos quedamos sentimientos y pensamientos en sepia, en crepúsculo, en vuelo de pájaro que se aleja e ignora nuestro deseo de alegrías.

Desde Aristóteles a Freud, no pocos se han ocupado de definirla, de detallarla, de sus causas y consecuencias, de su naturaleza.

Ahora recuerdo, simplemente, que para los antiguos los llamados “pecados capitales” no eran siete, sino nueve, y que el mayor de todos era la depresión, estado al que se llegaba tras atravesar la melancolía, luego la tristeza, y finalmente la depresión, que era definida como una tristeza crónica. ¿Y por qué la depresión era un “pecado capital”? Porque cuestionaba la existencia de la divinidad, ya que si ésta existe, ¿por qué permite las tristezas, las injusticias, el dolor en general? Las respuestas a esto escapan a estos párrafos.

De manera que, inevitable como es la melancolía, debemos quedarnos en ella, retroceder, no dar otro paso. No hay que avanzar más allá de la melancolía. No hay que hacerla cotidiana. La vivamos como estación de paso, no un sitio para asentarse. También es cierto que la melancolía nos entrega otras observaciones, otras consideraciones, que la alegría no lo posibilita. En la alegría no reflexionamos. Somos llevados por ella. En la melancolía nos aguardan modos de nuestro ser que pueden hasta sorprendernos al darnos cuenta que los tenemos. Read More

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CONVERSACIÓN

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Ella le explica por qué es mejor elegir los limones de cáscaras blandas o finas, ya que de lo contrario los limones son duros por dentro y tienen poco jugo. Y hay que respetar cuando las raíces nos ofrecen lo máximo que pueden. Él asiente.

Ahora él le comenta que desde hace muchos años no se cansa de escuchar a María Callas, en Vissi d’arte, de Puccini. Y agrega que es la misma sensación de cuando uno va caminando por una calle y de improviso nos aparece un árbol de magnolias florecidas, y el blanco movimiento dulce de sus pétalos y el aroma que nos aproxima a las plenitudes, todo lo ocupa.

Ella mueve la cabeza, comprendiéndolo.

Me sucede en las oraciones, responde, cuando del mundo lo único que hay es el silencio lento del palosanto encendido.

Los tés se agotan, el bar sigue con sus rumores de costumbre, se alejan tomados de la mano, contándose vaya a saberse qué mundos.

Intensamente. Sí. Ésa es la mejor definición. Intensamente. Tan intensamente.

Daniel López Salort

(De: Alto murmullo, Ediciones Nuevo Mundo, Buenos Aires)

https://www.youtube.com/watch?v=NLR3lSrqlww

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LO QUE FUIMOS, LO QUE SOMOS

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¿Cuál de las artes fue la primera? ¿En qué momento fuimos algo más que matar para comer, para defender nuestra propia existencia amenazada por algún animal, algo más que dormir y observar muy atentos el horizonte, todo lo que se mueve, porque ahí puede estar la diferencia entre sobrevivir o perecer sin más? Ni siquiera sabemos cómo fue que nos dimos cuenta que la cópula provocaba hijos. ¿Fue la danza el primer gesto de eso que hoy llamamos arte? Danza para atraer lluvias cuando empezamos a cultivar la tierra, para protegernos de amenazas cualesquiera fueran, danzas invocantes, danzas convocantes. ¿Fueron las pinturas en cavernas el primer gesto de eso que hoy llamamos arte? Pinturas hechas con los mismos sentidos y objetivos de la danza.

No lo sé, no lo sabemos. Ni qué decir de los instrumentos de música. Ni cuáles fueron los propósitos con los que al comienzo los usábamos.

Apenas sé de mis asombros cuando escucho, cuando veo, esta Filarmónica de Moscú, interpretando Piazzola, interpretando Libertango, y hay instrumentos de viento, de percusión, de cuerdas, hay danza, hay esto y hay aquello, y me callo.

Dije mis asombros. No dije que no hay un afuera, no dije lo que hay junto a mi ventana porque no sé, absorto estoy, absorto, y vos frente a mí, y te miro, y siento que la vida palpita adecuadamente.

https://www.youtube.com/watch?v=kdhTodxH7Gw

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¿A QUÉ HORA CRECEN LOS ÁRBOLES CUANDO CRECEN?

 

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Sabemos que se crece en el calor. Todo. Todo se expande y se mueve. Desayunando con vos, surge la duda: ¿a qué hora crecen los árboles cuando crecen? Tras los ventanales, los durazneros, los álamos, parecen esperar nuestra respuesta, o quizás las testimonian. O quizás nos la están dando.

¿Crecen a las mismas horas los árboles en las sierras que sus hermanos en las ciudades?

Las preguntas parecen necesitar una respuesta botánica. ¿Solamente? Vos tomás un té, yo un café descafeinado. Los mensajes en el celular llegan lentos, prometen el clásico domingo bajo la llovizna lenta, tímida. Aseguran que nuestras columnas vertebrales cambian cada quince días, aproximadamente, su conformación de céulas y núcleos. Se supone que a toda hora se suplantan unas a otras. Y los árboles, ¿a qué hora crecen cuando crecen? Y la contracara: ¿en qué horas se van desnudando sin mirarnos en el otoño?

No sé cuándo crece lo que crece. Ni a qué hora exacta se marchita. Mi ignorancia tiene un límite: no sé a qué hora, pero sí sé cuándo te quiero, cuándo es imposible que no te ame. Será que eso que llamamos amor cambia meramente sus formas cotidianas, no sus contenidos esenciales. Uff, qué serio. Digo, las flores de los palos borrachos no son eternas pero es como si lo fueran. Tus manos con las mías, ahh, eso sí es eterno. ¿me harías otro café?

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Las mujeres americanas, el museo El Prado, y una guitarra.

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La última vez que fui a El Prado me ocurrió lo siguiente.

En esos momentos andaba yo escribiendo sobre los primeros 50 años de la conquista española en América, centrado en lo que fue la vida de la mujer originaria ante los invasores. Un escrito sobre circunstancias muy profundas, con los desgarros que se pueden suponer y aun más. De modo que antes de ir a conversar, mejor dicho a callar y “oír” lo que siempre Velázquez dice en sus pinturas, iba a observar la obra de Tiziano: específicamente, su retrato de la Reina Isabel, venida de Portugal, esposa de Carlos V, Rey de España y de la América española, muerta a los 36 años, y que fuera contemporánea Atlántico de por medio de esas mujeres americanas de las que yo estaba escribiendo. Nada mejor que comparar lo que fue ella y lo que fueron y vivieron las mujeres americanas en ese mismo momento. Read More

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CONFESIÓN ANTE SHAKESPEARE

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Hace unos minutos estuve hojeando la edición bilingüe -nuestra lengua y francés- de poemas de Enrique Molina, y unas páginas no publicadas de Julio Cortázar, que pertenecían originalmente a Rayuela. Al mismo tiempo, suena el piano preciso y elegíaco de Ludovico Einaud, con su melodía Una Mattina, de la película The Intouchables.

Entonces, por esas ocurrencias de las memorias, ocurrencias en las que uno no es actor voluntario sino apenas un testigo de sus propios recuerdos, en esta mañana próxima al otoño, de sol lento y suave, y Enrique Molina en francés y Cortázar, me han remontado unos pocos años atrás a Shakespeare. A la librería Shakespare and Co., justito número ahí, en el 37  de la parisina Rue de la Bûcherie. Veníamos caminando sobre el Sena, disfrutando de las librerías en su orilla izquierda, y llegamos de pronto a ella. Sabíamos que no entraríamos meramente a una librería sino a un capítulo de la historia parisina y anglosajona, a toda una novela dentro de la literatura. Fue así que miramos y disfrutamos por allá, por acá, por cada rincón. Mi esposa subió y arriba se sentó ante el piano, ante más libros, ante más historia, hasta dio algunos movimientos sobre el tablero de ajedrez, con piezas de distintos juegos y texturas y materiales, y los dejó allí, para que otros siguieran la partida, como otros lo habían hecho antes que ella. Read More

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BIBLIOTECAS, MI BIBLIOTECA.

 biblioteca del clementinum, praga

Digamos que no uno tiene la biblioteca que anhela sino la que puede. Incluso, me pregunto si los muchos miles de volúmenes de la biblioteca de Umberto Eco le alcanzan.

Los hechos se complican por demás si a eso le sumamos las mudanzas que suelen ocurrir, la falta de espacio suficiente del que generalmente se dispone. Y están también los hechos trágicos, como las veces que Onetti tuvo que vender sus libros por falta de dinero, o las bibliotecas que fue dejando Benjamín en su huida de quienes buscaban encarcelarlo y matarlo.

De modo que debe uno mantener con su biblioteca una relación de amor, sí, pero también de humildad. Read More

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¿Con quién y qué, cuándo, cómo, sentimos orden, claridad?

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Escuchemos:

“El aspecto de una casa la víspera de una mudanza es desagradable y angustioso. Se han vaciado los armarios, las cómodas y la biblioteca. Se organiza un desorden que hace irreconocible cada cuarto. Aparecen los objetos más heteróclitos. Encuentra uno su portaplumas cuando busca el cepillo y cuando uno necesita su pañuelo se da con las sábanas. En los pasillos hay que navegar entre baúles y cada cajón del escritorio desborda de papeles y de cartas que es preciso releer antes de romper, mientras se tendría la tentación de hacer lo contrario.

Llega un momento en que la urgencia de ir a respirar a otro sitio es irresistible. Uno sueña con una casa ordenada donde no se hará indispensable partir a la caza de una cuchara y de una taza para tomar un poco de té. Y uno va hacia la casa amiga Read More

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Carta de Macedonio Fernández a Jorge Luis Borges

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Macedonio es sin dudas una persona profunda, tal vez más profunda como persona que como escritor, con una obra que sus amigos y críticos siempre han considerado menor a su talla como escritor. No vamos a intentar analizar eso aquí. Simplemente, recordemos esta carta que le escribió a Borges o, mejor dicho, lo que escribe de puño y letra, siempre en cuartuchos de pensión, siempre tapado con exceso de ropa, siempre sentado días enteros meditando absorto en vaya a saberse qué centros y temas:

Querido Jorge:

Iré esta tarde y me quedaré a comer si no hay inconveniente y estamos con ganas de trabajar. (Advertirás que las ganas de cenar ya las tengo y sólo falta asegurarme las otras). Tienes que disculparme el no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y hasta me olvido de avergonzarme. Read More

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Tito: es necesario tu actitud.

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Aunque su nombre completo fue Titus Flavius Sabinus Vespasianus, ha quedado en la historia simplemente como Tito, el emperador romano que muriera a los 42 años, tras haber ejercido su cargo por dos años. Popular y querido por los romanos, contó en su haber el haber terminado con la construcción del Coliseo (inaugurado con juegos que duraron 100 días), su generosidad con las víctimas de la erupción del volcán Vesubio y las del incendio de Roma. Además, no sin ironía, los historiadores destacan que en su reinado no hubo senadores que murieran por haberlo él ordenado.  Entre las críticas a su gestión figura que se desaprobó su relación de convivencia con Berenice, princesa judía de fama turbia, quien finalmente Read More

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CUANDO LEER UN LIBRO ES LEER OTRO LIBRO. ALFAGUARA: ¿CASO TESTIGO?

juan cruz ruiz tragamonedas

Mucho se ha analizado y discutido sobre quién es en última instancia el autor de un libro. Si todas las escrituras que confluyeron en lo que uno lee. Si a eso hay que sumar al autor desde el punto de vista llamémosle práctico y legal. Si a eso hay que sumar a quién está leyendo, ya que cada lector sería un nuevo autor. Entonces surgen por ejemplo las llamadas teorías de la enunciación, de la interpretación, de la recepción, por nombrar sólo tres.

Pero nada se ha dicho sobre lo que comento ahora. ¿Y si un libro no fuera ese libro que uno pidió y compró sino otro libro? El asunto no es sencillo. Observemos los detalles. Read More

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TEANO O EL ELOGIO DE LA SABIDURÍA

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Teano, unos  2500 años atrás, fue una de las mujeres de la escuela pitagórica. Debemos recordar que esta escuela se fundamentaba en las enseñanzas de Pitágoras, para quien la realidad del universo era comprensible a través de los números, pues todo se organizaba en relación a ellos. La escuela con su nombre se extendió por varias ciudades del mundo antiguo, especialmente por lo que hoy es Italia y Grecia.

Pero no es la propia escuela lo que ahora nos interesa sino Teano, quien fuera según algunos historiadores hija del mismo Pitágoras, pero según la mayoría fue en realidad esposa de éste. Filocoro, autor de un libro: “Selección de mujeres heroicas”, consideró que las muchas mujeres presentes en la escuela pitagóricas debían ser consideradas como “heroicas”, dado que la presencia de ellas en la filosofía era de por sí un hazaña en tiempos en que su lugar en la sociedad era la casa o ser meretriz. Read More

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CLEOBULINA

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Hay que hablar de Cleobulina. Digamos que vivió unos seiscientos años antes de N.E. Fue hija de unos los siete sabios de Atenas, de Cleóbulo, aunque su padre según los historiadores la llamaba Eumetida.

Esta mujer se dio a escribir enigmas. Y atrajo con ella fama, dado que eran muy ingeniosos. Varios fueron los que la recordaron y alabaron: Cratino escribió una obra a la que puso su nombre, Laercio y Clemente de Alejandría la nombran. Y fue Plutarco el que adjudicó a Cleobulina un enigma que cita Aristóteles en la Retórica, referido a la aplicación de ventosas, Read More

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El mito del crecimiento económico es un fracaso

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En medio de tanta información (y acción) del consumismo, de los objetivos que cada ciudadano debe tener en su vida (y cada sociedad), bien viene estas sencillas palabras y conceptos de Tim Jackson:

“Toda sociedad se aferra a un mito y vive por él. El nuestro es el del crecimiento económico. Las últimas cinco décadas la persecución del crecimiento ha sido el más importante de los objetivos políticos en el mundo. La economía global tiene cinco veces el tamaño de hace medio siglo.  Read More

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Los apetitos y la razón

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No todo lo que somos es hijo de la época en que vivimos. Es más, mucho de lo que somos se repite en cada época. Y si no, escuchemos a Cicerón (a propósito: Siglo I antes de N.E.):

“En todas nuestras acciones debemos evitar la precipitación y pereza, no haciendo cosa alguna de que no se pueda dar una razón digna de ser atendida. Para esto es menester que los apetitos obedezcan a la razón, que ni se adelanten a ella ni la abandonen por debilidad y pereza, y que estén siempre sosegados y libres de toda perturbación de ánimo. De donde resultará la constancia y moderación en todo. Porque los apetitos que se propasan más de lo justo y huyendo unas cosas y apeteciendo otras no pudiendo ser contenidos con el freno de la razón, salen, sin dudas, de sus límites y moderación, Read More

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Un humanismo táctico

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Si hay un término que genera rechazo en algunos sectores -por considerarlo muy de siglos anteriores- es “humanismo”. Sin embargo, un baño de humildad y sencillez son las afirmaciones de Appadurai, antropólogo indio estudioso de los valores y la globalización:

Lo que se necesita es una especie de humanismo táctico, un humanismo que esté preparado para ver ideas universales en los objetivos planteados asintóticamente, sometidos a una negociación continua, y que no se base en axiomas preestablecido. No se trata de una recomendación vestida de relativismo, pues el humanismo táctico no cree en la equivalencia de todos los mundos morales posibles, sino en la producción de valores a partir de un debate comprometido (…).

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¿Somos los libros que leemos? Sarmiento, Borges y los libros.

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Es común oír que -muy seguros- muchos afirman: somos los libros que leemos. Aun más: los libros se leen entre sí. Semejante tiranía del texto (o de los textos) ha provocado la natural reacción de otros muchos, por lo que aquí dejo un modesto aporte, y un ejemplo de lo contrario.

Que no somos precisamente lo que leemos se demuestra por el simple hecho de que diez lectores leen el mismo libro y su decir sobre éste no será igual. Ya Borges decía que cualquier libro tiene tantas versiones como lectores sume. Es decir: no somos lo que leemos sino lo que hacemos con lo que leemos. ¿O no fue acaso un pensador español quien afirmó que la vida nos es dada pero no nos es dada hecha?

El propio Borges puede servir de ejemplo para esto de lo que leemos y lo que hacemos con lo leído, pues entre los varios Read More

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El Estado y la ayuda a los necesitados: ¿nada nuevo bajo el sol?

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No sé en qué ciudad o Estado de la antigüedad comenzó la ayuda estatal a los necesitados (ancianos sin que nadie los cuidase, veteranos de guerra en idénticas condiciones, impedidos físicamente, pobres en general).

Al menos, en la Grecia de Solón ya se practica esa ayuda: alrededor de 600 años a.C., Plutarco nos cuenta que Pisístrato logró una ley para ayudar a mutilados por las guerras, y se pone como ejemplo a un tal Tersipo que recibía ese subsidio. Aristóteles lo expresa claramente: “Hay, en efecto, una ley que dispone que los que poseen menos de tres minas y están impedidos físicamente de manera que no pueden realizar ningún trabajo, los examine el Consejo y se les conceda, a costa del fisco, dos óbolos diarios a cada uno como alimento”. Read More

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¿Dante Aligheri predijo la Web?

DANTE

(ilustración de Simone Gori)

¿Dante Aligheri predijo la Web? ¿Acaso la vio cuando en su poema/novela recorría infierno, purgatorio y cielo?

Sí y no. No, porque nada encontraremos en él que hable de vías de comunicación como la Web, evidentemente. Sí, de acuerdo a estos párrafos de Umberto Eco:

“El Paraíso dantesco es la apoteosis de lo virtual, de lo inmaterial, del puro software, sin el peso del hardware terrestre e infernal, cuyos desechos se quedan en el Purgatorio. El Paraíso es más que moderno, puede convertirse, para el lector que haya olvidado la historia, en algo posible y tremendamente futuro. Es el triunfo de la energía pura, lo que la telaraña de la Web nos promete y no sabrá darnos nunca, es una exaltación de flujos, de cuerpos sin órganos, un poema hecho de estrellas novas y de enanas, un Bing Bang ininterrumpido, un relato cuyas peripecias siguen las longitudes de los años luz y, si de veras quieren hacer uso de ejemplos familiares, una triunfal odisea en el espacio, con felicísimo final. Si lo desean, lean el Paraíso también así, daño no les podrá hacer y será mejor que una discoteca psicodélica y que el éxtasis. Porque, en cuanto a éxtasis, el tercer cántico mantiene sus promesas” (Lectura del Paraíso, en Sobre Literatura, Umberto Eco). Read More

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¿Tiene sentido la vida? ¿Tiene sentido la literatura?

Old Antique Clock Face, Sepia Toned

Dice Abelardo Castillo (Ser escritor): “Estamos atravesando lo que yo llamaría una crisis universal del sentido. La religión, la ciencia, el arte, ya no dan respuestas a nadie. El final de la historia, el fin de las ideologías, la muerte de las utopías, quieren decir sencillamente que no le vemos un sentido al mundo. La pregunta, entonces, sería: ¿Qué sentido tiene la literatura en un mundo sin sentido? No hay más que dos respuestas. La primera: ningún sentido. La segunda es precisamente la que hoy no parece estar de moda: el sentido de la literatura es imaginarle un sentido al mundo y, por lo tanto, al escritor que la escribe”.

Cuidado con estas afirmaciones. Read More

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¿El amor es una forma de psicosis?

el amor

No son pocas las posturas en psicología que consideran al amor como una forma de psicosis. Digamos entonces que psicosis es un estado mental de definición no objetiva de la realidad. La persona sufre cambios bruscos de comportamiento, una alteración en sus procesos de pensamientos. Es evidente que esto se puede aplicar al llamado enamoramiento primero, cuando no se puede respirar si no se está con la persona querida, más que vivir la propia vida lo que se desea es compartirla con la otra persona, se abandonan las tareas habituales (trabajar, estudiar) o se las hace con la cabeza en otra parte, esa otra parte donde está precisamente lo que nos provoca el enamoramiento.

 Así como Freud consideró que el amor es siempre narcisista, Lacan lo vio como dar lo que no se tiene a quien no lo tiene, distinguiendo también entre un amor posesivo de uno evanescente, ése que acepta la posibilidad de que la relación afectiva termine. No entraremos aquí a esbozar o criticar los conceptos o teorías de lo que es el amor de dos. Ni nos referiremos tampoco a algo muy relacionado, como es la felicidad, tomando por ejemplo a Bertrand Russell (El Arte de Ser Feliz) o a Arthur Schopenhauer (La Conquista de la Felicidad). Nos quedemos entonces con esto de que el amor es una forma de psicosis, y nos situemos unos 400 años a.C. ¿En dónde? En Grecia. ¿Con quién? Con Lisias, aunque algunos dicen que su Discurso Amatorio pertenece a Platón, y otros de que es imposible determinar su autor. ¿Y qué dice Lisias ahí? Read More

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Lucy: la primera ¿mujer?

 

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Lucy tiene 3,2 millones de años. Medía aproximadamente un metro de altura. Pesaba unos 27 kgs. Vivió 20 años. Tuvo hijos, aunque no sabemos cuántos. Raza: australopithecus afarensis. La encontraron en Etiopía, cerca su capital, allá por 1974. Se le ha dado ese nombre porque la noche posterior a su descubrimiento, en el campamento de los arquéologos se escuchó Lucy in the sky with diamonds, de The Beatles. Anduvo de pie toda su vida, tenías las muelas del juicio recién formadas. Es la primera ¿mujer? Read More

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El amor, ahh el amor

elamor

 

¿Qué no se ha dicho ya sobre el amor? Desde Horatio el romano a Octavio Paz, desde Cátulo -también en la Roma antigua- a Ortega y Gasset. Pero también George Steiner hace oír su voz, y lo grita, y acusa a muchos, y defiende a otros, y lo celebra:

   ”El amor es la oposición dialéctica del odio, su reflejo contrario. El amor es, en diversos grados de intensidad, el milagro imperativo de lo irracional. Temblar, en lo más hondo de nuestro espíritu, hasta el último nervio y el último hueso, ante la visión, ante la voz, ante el más leve roce del ser amado; luchas, trabajar, mentir sin tregua para alcanzar al hombre o a la mujer amados, para estar cerca de ellos; transformar la propia existencia -personal, pública, psicológica, material- en un instante imprevisto, en la causa y consecuencia del amor; experimentar un dolor y un vacío inefables en ausencia del ser amado, cuando el amor se marchita (…) Read More