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Cultura y Valores

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CONFESIÓN ANTE SHAKESPEARE

shakespare

Hace unos minutos estuve hojeando la edición bilingüe -nuestra lengua y francés- de poemas de Enrique Molina, y unas páginas no publicadas de Julio Cortázar, que pertenecían originalmente a Rayuela. Al mismo tiempo, suena el piano preciso y elegíaco de Ludovico Einaud, con su melodía Una Mattina, de la película The Intouchables.

Entonces, por esas ocurrencias de las memorias, ocurrencias en las que uno no es actor voluntario sino apenas un testigo de sus propios recuerdos, en esta mañana próxima al otoño, de sol lento y suave, y Enrique Molina en francés y Cortázar, me han remontado unos pocos años atrás a Shakespeare. A la librería Shakespare and Co., justito número ahí, en el 37  de la parisina Rue de la Bûcherie. Veníamos caminando sobre el Sena, disfrutando de las librerías en su orilla izquierda, y llegamos de pronto a ella. Sabíamos que no entraríamos meramente a una librería sino a un capítulo de la historia parisina y anglosajona, a toda una novela dentro de la literatura. Fue así que miramos y disfrutamos por allá, por acá, por cada rincón. Mi esposa subió y arriba se sentó ante el piano, ante más libros, ante más historia, hasta dio algunos movimientos sobre el tablero de ajedrez, con piezas de distintos juegos y texturas y materiales, y los dejó allí, para que otros siguieran la partida, como otros lo habían hecho antes que ella. Read More

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BIBLIOTECAS, MI BIBLIOTECA.

 biblioteca del clementinum, praga

Digamos que no uno tiene la biblioteca que anhela sino la que puede. Incluso, me pregunto si los muchos miles de volúmenes de la biblioteca de Umberto Eco le alcanzan.

Los hechos se complican por demás si a eso le sumamos las mudanzas que suelen ocurrir, la falta de espacio suficiente del que generalmente se dispone. Y están también los hechos trágicos, como las veces que Onetti tuvo que vender sus libros por falta de dinero, o las bibliotecas que fue dejando Benjamín en su huida de quienes buscaban encarcelarlo y matarlo.

De modo que debe uno mantener con su biblioteca una relación de amor, sí, pero también de humildad. Read More

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Carta de Macedonio Fernández a Jorge Luis Borges

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Macedonio es sin dudas una persona profunda, tal vez más profunda como persona que como escritor, con una obra que sus amigos y críticos siempre han considerado menor a su talla como escritor. No vamos a intentar analizar eso aquí. Simplemente, recordemos esta carta que le escribió a Borges o, mejor dicho, lo que escribe de puño y letra, siempre en cuartuchos de pensión, siempre tapado con exceso de ropa, siempre sentado días enteros meditando absorto en vaya a saberse qué centros y temas:

Querido Jorge:

Iré esta tarde y me quedaré a comer si no hay inconveniente y estamos con ganas de trabajar. (Advertirás que las ganas de cenar ya las tengo y sólo falta asegurarme las otras). Tienes que disculparme el no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y hasta me olvido de avergonzarme. Read More

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CUANDO LEER UN LIBRO ES LEER OTRO LIBRO. ALFAGUARA: ¿CASO TESTIGO?

juan cruz ruiz tragamonedas

Mucho se ha analizado y discutido sobre quién es en última instancia el autor de un libro. Si todas las escrituras que confluyeron en lo que uno lee. Si a eso hay que sumar al autor desde el punto de vista llamémosle práctico y legal. Si a eso hay que sumar a quién está leyendo, ya que cada lector sería un nuevo autor. Entonces surgen por ejemplo las llamadas teorías de la enunciación, de la interpretación, de la recepción, por nombrar sólo tres.

Pero nada se ha dicho sobre lo que comento ahora. ¿Y si un libro no fuera ese libro que uno pidió y compró sino otro libro? El asunto no es sencillo. Observemos los detalles. Read More

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CLEOBULINA

mujerengrecia

 

Hay que hablar de Cleobulina. Digamos que vivió unos seiscientos años antes de N.E. Fue hija de unos los siete sabios de Atenas, de Cleóbulo, aunque su padre según los historiadores la llamaba Eumetida.

Esta mujer se dio a escribir enigmas. Y atrajo con ella fama, dado que eran muy ingeniosos. Varios fueron los que la recordaron y alabaron: Cratino escribió una obra a la que puso su nombre, Laercio y Clemente de Alejandría la nombran. Y fue Plutarco el que adjudicó a Cleobulina un enigma que cita Aristóteles en la Retórica, referido a la aplicación de ventosas, Read More