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Cultura y Valores

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SOY FRÁGIL. LO SÉ.

 

hang

¿En qué momento necesito una mirada cómplice?¿En qué momento necesito una voz alentadora?¿En cuál otro ese calorcito que asciende por el pecho y nos asciende y nos cuenta que esencialmente somos emociones en movimiento y es mentira cualquier otra creencia? Soy frágil. Lo sé.

Muchas veces me salvan la blanca estética de un jazmín, los canales y cicatrices de piedras extrañas que encontramos en una playa, en un arroyo, el aroma de las hojas de menta. Y cuando tu mano toma la mía mientras nos vamos durmiendo ahí se confirma que el universo entero está aprobado.

Soy frágil. Lo sé. No puedo ser de otra forma. Ni quiero. Toda mi fortaleza es levantarme cada día dispuesto a sostener lo que me llegue, sabiendo que no podré, pero lo intento, porque esa es mi condición de existencia, la de todos. Y cada noche me pregunto qué ha justificado mi vida, qué testimonio habrá de que ha valido la pena estar aquí.

Mientras, quedo en silencio, dejo que el silencio me traiga mundos de hangs y flauta:

https://www.youtube.com/watch?v=ZnTo57FU19I

 

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VERA HALL

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No se puede amar todo el día, todos los días. ¿Y entonces? Se busca refugio donde se pueda. Tal vez se acaricie y atiende a un perro; o se tome unos pinceles para elevarse en colores y formas y composiciones que no se sabe cómo finalmente quedarán; o se ruega que por Facebook, Twitter, Whatsapp, o tras el sonido del timbre, llegue alguna sonrisa que rescate y justifique.

Vera Hall cantaba en su cocina. Y John Lomax la grabó ahí, en 1937. Tenía entonces 35 años. La grabó cantando Trouble so hard  (“Los problemas son demasiado difíciles). Vivió hasta los 62, siempre como cocinera y lavandera, siempre en la misma miseria en la que vivió y murió, y ciega estaba ya a la hora de su partida. La cruz de madera sobre su tumba se perdió, y así se perdió su cuerpo. Nada de ella quedó. ¿Nada? Ella tampoco podía amar todos los días, todo el día. Y entre sus memorias está la luz de su voz, de su corazón, en la cocina, cantando Trouble so hard:

Ooh Lordy, troubles so hard

Ooh Lordy, troubles so hard

Don’t nobody know my troubles but God

Don’t nobody know my troubles but God

 

Te estamos escuchando, Vera, vos en tu cocina, nosotros acá:

https://www.youtube.com/watch?v=r9SENzRLk_M

 

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MELANCOLÍA

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¿Quién es tan insensible para no haber experimentado nunca la melancolía? ¿Y por qué vuelve cuando menos la esperamos? Por qué nos acecha, en la sombra, para adueñarse de nosotros, para dejarnos respirar con una serenidad falsa, ya que nos quedamos sentimientos y pensamientos en sepia, en crepúsculo, en vuelo de pájaro que se aleja e ignora nuestro deseo de alegrías.

Desde Aristóteles a Freud, no pocos se han ocupado de definirla, de detallarla, de sus causas y consecuencias, de su naturaleza.

Ahora recuerdo, simplemente, que para los antiguos los llamados “pecados capitales” no eran siete, sino nueve, y que el mayor de todos era la depresión, estado al que se llegaba tras atravesar la melancolía, luego la tristeza, y finalmente la depresión, que era definida como una tristeza crónica. ¿Y por qué la depresión era un “pecado capital”? Porque cuestionaba la existencia de la divinidad, ya que si ésta existe, ¿por qué permite las tristezas, las injusticias, el dolor en general? Las respuestas a esto escapan a estos párrafos.

De manera que, inevitable como es la melancolía, debemos quedarnos en ella, retroceder, no dar otro paso. No hay que avanzar más allá de la melancolía. No hay que hacerla cotidiana. La vivamos como estación de paso, no un sitio para asentarse. También es cierto que la melancolía nos entrega otras observaciones, otras consideraciones, que la alegría no lo posibilita. En la alegría no reflexionamos. Somos llevados por ella. En la melancolía nos aguardan modos de nuestro ser que pueden hasta sorprendernos al darnos cuenta que los tenemos. Read More

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LO QUE FUIMOS, LO QUE SOMOS

libertango

¿Cuál de las artes fue la primera? ¿En qué momento fuimos algo más que matar para comer, para defender nuestra propia existencia amenazada por algún animal, algo más que dormir y observar muy atentos el horizonte, todo lo que se mueve, porque ahí puede estar la diferencia entre sobrevivir o perecer sin más? Ni siquiera sabemos cómo fue que nos dimos cuenta que la cópula provocaba hijos. ¿Fue la danza el primer gesto de eso que hoy llamamos arte? Danza para atraer lluvias cuando empezamos a cultivar la tierra, para protegernos de amenazas cualesquiera fueran, danzas invocantes, danzas convocantes. ¿Fueron las pinturas en cavernas el primer gesto de eso que hoy llamamos arte? Pinturas hechas con los mismos sentidos y objetivos de la danza.

No lo sé, no lo sabemos. Ni qué decir de los instrumentos de música. Ni cuáles fueron los propósitos con los que al comienzo los usábamos.

Apenas sé de mis asombros cuando escucho, cuando veo, esta Filarmónica de Moscú, interpretando Piazzola, interpretando Libertango, y hay instrumentos de viento, de percusión, de cuerdas, hay danza, hay esto y hay aquello, y me callo.

Dije mis asombros. No dije que no hay un afuera, no dije lo que hay junto a mi ventana porque no sé, absorto estoy, absorto, y vos frente a mí, y te miro, y siento que la vida palpita adecuadamente.

https://www.youtube.com/watch?v=kdhTodxH7Gw

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¿A QUÉ HORA CRECEN LOS ÁRBOLES CUANDO CRECEN?

 

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Sabemos que se crece en el calor. Todo. Todo se expande y se mueve. Desayunando con vos, surge la duda: ¿a qué hora crecen los árboles cuando crecen? Tras los ventanales, los durazneros, los álamos, parecen esperar nuestra respuesta, o quizás las testimonian. O quizás nos la están dando.

¿Crecen a las mismas horas los árboles en las sierras que sus hermanos en las ciudades?

Las preguntas parecen necesitar una respuesta botánica. ¿Solamente? Vos tomás un té, yo un café descafeinado. Los mensajes en el celular llegan lentos, prometen el clásico domingo bajo la llovizna lenta, tímida. Aseguran que nuestras columnas vertebrales cambian cada quince días, aproximadamente, su conformación de céulas y núcleos. Se supone que a toda hora se suplantan unas a otras. Y los árboles, ¿a qué hora crecen cuando crecen? Y la contracara: ¿en qué horas se van desnudando sin mirarnos en el otoño?

No sé cuándo crece lo que crece. Ni a qué hora exacta se marchita. Mi ignorancia tiene un límite: no sé a qué hora, pero sí sé cuándo te quiero, cuándo es imposible que no te ame. Será que eso que llamamos amor cambia meramente sus formas cotidianas, no sus contenidos esenciales. Uff, qué serio. Digo, las flores de los palos borrachos no son eternas pero es como si lo fueran. Tus manos con las mías, ahh, eso sí es eterno. ¿me harías otro café?

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Las mujeres americanas, el museo El Prado, y una guitarra.

moffat

La última vez que fui a El Prado me ocurrió lo siguiente.

En esos momentos andaba yo escribiendo sobre los primeros 50 años de la conquista española en América, centrado en lo que fue la vida de la mujer originaria ante los invasores. Un escrito sobre circunstancias muy profundas, con los desgarros que se pueden suponer y aun más. De modo que antes de ir a conversar, mejor dicho a callar y “oír” lo que siempre Velázquez dice en sus pinturas, iba a observar la obra de Tiziano: específicamente, su retrato de la Reina Isabel, venida de Portugal, esposa de Carlos V, Rey de España y de la América española, muerta a los 36 años, y que fuera contemporánea Atlántico de por medio de esas mujeres americanas de las que yo estaba escribiendo. Nada mejor que comparar lo que fue ella y lo que fueron y vivieron las mujeres americanas en ese mismo momento. Read More

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BIBLIOTECAS, MI BIBLIOTECA.

 biblioteca del clementinum, praga

Digamos que no uno tiene la biblioteca que anhela sino la que puede. Incluso, me pregunto si los muchos miles de volúmenes de la biblioteca de Umberto Eco le alcanzan.

Los hechos se complican por demás si a eso le sumamos las mudanzas que suelen ocurrir, la falta de espacio suficiente del que generalmente se dispone. Y están también los hechos trágicos, como las veces que Onetti tuvo que vender sus libros por falta de dinero, o las bibliotecas que fue dejando Benjamín en su huida de quienes buscaban encarcelarlo y matarlo.

De modo que debe uno mantener con su biblioteca una relación de amor, sí, pero también de humildad. Read More

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CLEOBULINA

mujerengrecia

 

Hay que hablar de Cleobulina. Digamos que vivió unos seiscientos años antes de N.E. Fue hija de unos los siete sabios de Atenas, de Cleóbulo, aunque su padre según los historiadores la llamaba Eumetida.

Esta mujer se dio a escribir enigmas. Y atrajo con ella fama, dado que eran muy ingeniosos. Varios fueron los que la recordaron y alabaron: Cratino escribió una obra a la que puso su nombre, Laercio y Clemente de Alejandría la nombran. Y fue Plutarco el que adjudicó a Cleobulina un enigma que cita Aristóteles en la Retórica, referido a la aplicación de ventosas, Read More

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Piedras: otro rostro del infinito.


piedras

(sobre NO MADE, + mediums, el arte como medio, Córdoba, 2014)

Que toda piedra lleva en sí un trozo del mapa del universo es sabido. Lo proclamó y demostró Roger Callois.

Se puede deducir así que cada piedra es otro rostro del infinito.

Pero + mediums da un paso más: ahora cada piedra no es sólo una imagen que duplica su perspectiva del mundo. Ahora cada piedra se traslada. Es decir, ya no es sólo espacio. Es movimiento. Y no sólo eso: cada piedra es -en apariencia- de un mismo color. Cabe a cada espectador/actor dirimir los porqués que hacen que el mismo color sea diferente en cada piedra.

Si + mediums hizo de cada piedra no sólo espacio sino movimiento y color, la pregunta es: ¿quién o qué mueve la piedra? ¿por dónde y hacia dónde la traslada? Nada se mueve sin que alguien o algo la mueva, nada se mueve sin un vacío donde hacerlo. Así, el rostro de cada piedra depende de quien la mueve, y hacia qué puerto lo hace.

No caben dudas que + mediums pone en cada acto de arte su concepto plural, lúdico y gestual. Arte es lo que sucede. La llamada intervención es una flecha de marcha constante.

No caben dudas que no es tan sólo la piedra lo que se mueve. Soy yo, somos nosotros quienes nos movemos con ella y en ella. Y al hacerlo, movemos al arte y al mundo. Todo torna otro sentido.

No caben dudas que el infinito es una móvil quietud.

Tal vez eso sea también otro nombre para el amor.

(para más conocimiento de esta muestra/performance/instalación:

 https://www.youtube.com/watchv=f4pTUQxP_vA&feature=youtu.be)