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Cultura y Valores

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LOS SOLES CONTRA EL MURO

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Vivir así. Sí. Coronar emociones, susurros, historias anteriores y actuales. Coronar el andar juntos, solidaridad absoluta. Coronar con tanto que no se puede nombrar porque es lista sin fin. Porque no es lo mismo ser juntos que estar al lado. Como aquellos que confunden tener una casa con vivir en un hogar. Si a uno le da vergüenza tanta obviedad.

Se habían visto por vez primera a la salida de la boca de un subte, lo que con los años comprenderían como la unión tras un viaje de profundidades. Se miraron y ambos se dieron cuenta de que no eran los ojos los que miraban: había un aire de magnolia inaugurada, de bermellones complementados por naranjas delicados, el sello invisible que acaba de ser grabado en cada pluma de los altos pájaros tras los altos árboles. Él le preguntó por una dirección que en realidad ya conocía. Ella le respondió a las dos inquietudes: a la referencia de mapa, y a la invitación mal disimulada. Por eso sonrió mientras contestaba, agregando: voy para allá, te indico cuando lleguemos. Y desde entonces están llegando, cada mañana, todas las noches. No saben los porqués de que se amen, ni siquiera qué es eso nombrado amor. Sólo pueden mencionar gustos, actitudes, valores, que él gusta de fijarse en toda ella mientras desayunan, que ella acomoda en él una camisa, un saco, y le deja tatuado un beso sobre el movimiento de sus respiraciones. Los mohines de tu boca no cotizan en bolsa, pero deberían hacerlo, suele decirle él. En ese sauce de allá se mueve su follaje como los dedos de tus manos sobre mí, suele decirle ella. Read More

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NOCHEBUENA, NAVIDAD

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¿Hay algo peor a que uno no lo amen?

Sí. Que uno no sepa amar. Porque entre atender y cuidar hay grandísimas diferencias.

¿Hay algo peor a que uno no lo amen y que uno no sepa amar?

Sí. Que uno no sea necesario, para quien sea, así fuere el anciano más odioso de la familia, pero que depende de nosotros para conseguir sus remedios.

Porque es verdad que, por lo general, hay verdades que nos ocultamos o no nos damos cuenta.

Por ejemplo, que siempre pedimos que nos amen antes de reflexionar si amamos como la otra persona nos pide.

Por ejemplo, que pocas veces pensamos en quienes nos necesitan antes que en nuestras propias necesidades. Read More

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HABLO DE LAS PEQUEÑAS COSAS

 

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No hablo de las grandes felicidades, cada cual tiene su lista, sus logros y sus esperas. Hablo de las pequeñas cosas, ésas que de tan chiquitas parecieran no existir, o que no las advertimos.

Por ejemplo, vamos caminando, estamos en una plaza, un patio, un balcón, y de pronto una brisa suave sucede y nos abraza, está unos minutos que asoman como muchos y luego sigue su marcha, y nos deja otro, nos deja cambiados, nos deja inesperadamente nuevos. Sólo es necesario sentirla.

También nos pasa que alguien, sin motivo, en la fila de un banco, de un supermercado, de un bar, ante una pregunta que le hacemos nos responde con una sonrisa dulce, inmerecida casi, una sonrisa proclamadora de puentes agradables, y uno se sorprende y después se pregunta, tal vez no en ese momento pero seguro que luego, por qué tanto paraíso en los pequeños gestos.

Podría seguir con más referencias, pero hablo de que estoy llegando a casa, apenas entre te besaré y acariciaré tu rostro, ese milagro cotidiano que de tan cotidiano olvidamos con frecuencia que es un absoluto milagro, y mi mano acomodará tu cabello que no lo necesita pero que me gusta hacerlo, y Olivia, nuestra perra, se refregará en nuestras piernas, celebrando que he llegado, con un coro de brisas y sonrisas y manos femeninas que tocan en un guzhen:

 https://www.youtube.com/watch?v=wJnLPX7YpJA&index=3&list=PLglzhCF1qBInUg9tvTmZ-xD3j_6kLjTBE

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¿Con quién y qué, cuándo, cómo, sentimos orden, claridad?

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Escuchemos:

“El aspecto de una casa la víspera de una mudanza es desagradable y angustioso. Se han vaciado los armarios, las cómodas y la biblioteca. Se organiza un desorden que hace irreconocible cada cuarto. Aparecen los objetos más heteróclitos. Encuentra uno su portaplumas cuando busca el cepillo y cuando uno necesita su pañuelo se da con las sábanas. En los pasillos hay que navegar entre baúles y cada cajón del escritorio desborda de papeles y de cartas que es preciso releer antes de romper, mientras se tendría la tentación de hacer lo contrario.

Llega un momento en que la urgencia de ir a respirar a otro sitio es irresistible. Uno sueña con una casa ordenada donde no se hará indispensable partir a la caza de una cuchara y de una taza para tomar un poco de té. Y uno va hacia la casa amiga Read More

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TEANO O EL ELOGIO DE LA SABIDURÍA

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Teano, unos  2500 años atrás, fue una de las mujeres de la escuela pitagórica. Debemos recordar que esta escuela se fundamentaba en las enseñanzas de Pitágoras, para quien la realidad del universo era comprensible a través de los números, pues todo se organizaba en relación a ellos. La escuela con su nombre se extendió por varias ciudades del mundo antiguo, especialmente por lo que hoy es Italia y Grecia.

Pero no es la propia escuela lo que ahora nos interesa sino Teano, quien fuera según algunos historiadores hija del mismo Pitágoras, pero según la mayoría fue en realidad esposa de éste. Filocoro, autor de un libro: “Selección de mujeres heroicas”, consideró que las muchas mujeres presentes en la escuela pitagóricas debían ser consideradas como “heroicas”, dado que la presencia de ellas en la filosofía era de por sí un hazaña en tiempos en que su lugar en la sociedad era la casa o ser meretriz. Read More

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CLEOBULINA

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Hay que hablar de Cleobulina. Digamos que vivió unos seiscientos años antes de N.E. Fue hija de unos los siete sabios de Atenas, de Cleóbulo, aunque su padre según los historiadores la llamaba Eumetida.

Esta mujer se dio a escribir enigmas. Y atrajo con ella fama, dado que eran muy ingeniosos. Varios fueron los que la recordaron y alabaron: Cratino escribió una obra a la que puso su nombre, Laercio y Clemente de Alejandría la nombran. Y fue Plutarco el que adjudicó a Cleobulina un enigma que cita Aristóteles en la Retórica, referido a la aplicación de ventosas, Read More

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¿El amor es una forma de psicosis?

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No son pocas las posturas en psicología que consideran al amor como una forma de psicosis. Digamos entonces que psicosis es un estado mental de definición no objetiva de la realidad. La persona sufre cambios bruscos de comportamiento, una alteración en sus procesos de pensamientos. Es evidente que esto se puede aplicar al llamado enamoramiento primero, cuando no se puede respirar si no se está con la persona querida, más que vivir la propia vida lo que se desea es compartirla con la otra persona, se abandonan las tareas habituales (trabajar, estudiar) o se las hace con la cabeza en otra parte, esa otra parte donde está precisamente lo que nos provoca el enamoramiento.

 Así como Freud consideró que el amor es siempre narcisista, Lacan lo vio como dar lo que no se tiene a quien no lo tiene, distinguiendo también entre un amor posesivo de uno evanescente, ése que acepta la posibilidad de que la relación afectiva termine. No entraremos aquí a esbozar o criticar los conceptos o teorías de lo que es el amor de dos. Ni nos referiremos tampoco a algo muy relacionado, como es la felicidad, tomando por ejemplo a Bertrand Russell (El Arte de Ser Feliz) o a Arthur Schopenhauer (La Conquista de la Felicidad). Nos quedemos entonces con esto de que el amor es una forma de psicosis, y nos situemos unos 400 años a.C. ¿En dónde? En Grecia. ¿Con quién? Con Lisias, aunque algunos dicen que su Discurso Amatorio pertenece a Platón, y otros de que es imposible determinar su autor. ¿Y qué dice Lisias ahí? Read More