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Cultura y Valores

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A FERNANDO TOLA, PENSADOR Y BOGAVANTE

fernando tola 33

Hay obras que desde el primer instante nos entregan toda su respiración: una tela de Mondrian, por ejemplo. Otras requieren de un tránsito más lento, donde a medida que las recorremos las riquezas se van desplegando: párrafos de William Faulkner, por ejemplo. Así sucede con Fernando Tola, a quien debemos aproximarnos a través de cada uno de los rostros que lo conforman, remontándolos, absorbiendo sus totalidades.

En el primero de ellos se instalan las napas que conforman su obrar en la traducción. Porque traducir es moverse entre fronteras, es trasladar circunstancias y pareceres de unos territorios a otros. Toda traducción, todo traductor, rememora por su misión y naturaleza a aquellos caravaneros que, en diversas épocas y culturas, llevaban y traían entre zonas alejadas los más diversos objetos y a la vez las más diversas costumbres y conceptos.

En estos universos, Fernando Tola se despliega plural: ya en aquel jovencito peruano que cursaba sus estudios en Bélgica, latía su condición de imprescindible caravanero entre culturas, apasionándose por el latín y el griego y las gramáticas varias, soñando ya entonces con los ojos abiertos sobre las tierras de Panini, de  Vasubandhu, de Shankara. Pero toda traducción suma al original la perspectiva de la mano que va desplegando lo traducido: de allí la disparidad de versiones que uno puede encontrar de la Odisea, de las páginas de Alighieri, de los textos de la Baghavad Gita. En Fernando Tola la traducción logra la minuciosidad del miniaturista, el engarce de orfebrería.

¿Por qué estos conceptos? Porque basta una mirada breve para observar la permanente adhesión de sus renglones al sentido de las líneas que se están traduciendo, esas largas enumeraciones que acompañan sus obras, donde se pueden apreciar el esfuerzo del detalle y en el detalle, la entrega al modo en que se despliegan las líneas de fuente. Y Fernando Tola logra asimismo la orfebrería, porque cumple acabadamente aquello de que –como he dicho- no se traducen palabras sino sentidos, se traducen mundos, proposiciones, poéticas instaladas en el tiempo y el espacio de la especie sobre la vastedad del planeta y de la historia. Read More

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CONFESIÓN ANTE SHAKESPEARE

shakespare

Hace unos minutos estuve hojeando la edición bilingüe -nuestra lengua y francés- de poemas de Enrique Molina, y unas páginas no publicadas de Julio Cortázar, que pertenecían originalmente a Rayuela. Al mismo tiempo, suena el piano preciso y elegíaco de Ludovico Einaud, con su melodía Una Mattina, de la película The Intouchables.

Entonces, por esas ocurrencias de las memorias, ocurrencias en las que uno no es actor voluntario sino apenas un testigo de sus propios recuerdos, en esta mañana próxima al otoño, de sol lento y suave, y Enrique Molina en francés y Cortázar, me han remontado unos pocos años atrás a Shakespeare. A la librería Shakespare and Co., justito número ahí, en el 37  de la parisina Rue de la Bûcherie. Veníamos caminando sobre el Sena, disfrutando de las librerías en su orilla izquierda, y llegamos de pronto a ella. Sabíamos que no entraríamos meramente a una librería sino a un capítulo de la historia parisina y anglosajona, a toda una novela dentro de la literatura. Fue así que miramos y disfrutamos por allá, por acá, por cada rincón. Mi esposa subió y arriba se sentó ante el piano, ante más libros, ante más historia, hasta dio algunos movimientos sobre el tablero de ajedrez, con piezas de distintos juegos y texturas y materiales, y los dejó allí, para que otros siguieran la partida, como otros lo habían hecho antes que ella. Read More

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BIBLIOTECAS, MI BIBLIOTECA.

 biblioteca del clementinum, praga

Digamos que no uno tiene la biblioteca que anhela sino la que puede. Incluso, me pregunto si los muchos miles de volúmenes de la biblioteca de Umberto Eco le alcanzan.

Los hechos se complican por demás si a eso le sumamos las mudanzas que suelen ocurrir, la falta de espacio suficiente del que generalmente se dispone. Y están también los hechos trágicos, como las veces que Onetti tuvo que vender sus libros por falta de dinero, o las bibliotecas que fue dejando Benjamín en su huida de quienes buscaban encarcelarlo y matarlo.

De modo que debe uno mantener con su biblioteca una relación de amor, sí, pero también de humildad. Read More