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Cultura y Valores

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Un siglo religioso. Pero, ¿será espiritual?.

Mi exposición se asienta en la distinción entre “religioso” y “espiritual”. Esta oposición sucede, por una parte, entre aislamientos, es decir humanidades separadas por estar totalmente ensimismadas y, por otra parte, una humanidad plural cuya unidad se dividiría en tantas figuras espirituales que serían, según la metáfora de Husserl, como las de un mismo mar. La diferencia se halla en el hecho de que los valores espirituales -y no religiosos- están profundamente vinculados, como lo demostraré después, con los valores de descentramiento y de diálogo orientado hacia un objetivo panhumano.

(…) La cuestión de los valores es por lo tanto la de un encuentro de culturas que sólo puede suceder si está orientado hacia la idea de una sociedad de seres humanos que la mundialización debería permitir, pero que también impide actualmente, puesto que significa la exclusión y la pobreza para la gran mayoría de las poblaciones del mundo.

(…) La espiritualidad es el arte de mantenerse a distancia de uno mismo, del dogmatismo, de la intolerancia o de la violencia que forma parte de cualquier convicción apasionada. Así, la espiritualidad está profundamente vinculada al valor de la tolerancia porque enseña la actitud que despierta la atención sobre las distintas formas que tiene la verdad de reflejarse en cada cosa.

(…) La espiritualidad consiste precisamente en decir que no hay un grado cero de capacidad de volverse a uno mismo, de llevar a cabo un análisis crítico de uno mismo, condición de la sociedad abierta. Si bien debemos ser realistas y reconocer que los poderes autoritarios están comprometidos con los fundamentalismos que se oponen a ellos en la misma negación del pluralismo, también hay que aferrarse a la idea de que una cultura, como figura espiritual de la humanidad, lleva siempre, pese a las fuerzas que lo pueden impedir, el rechazo del ensimismamiento, el rechazo de un movimiento que sólo sería la inercia de una imitación servil de la tradición (lo que la espiritualidad musulmana condena como taqîd o “imitación servil de la tradición) y la capacidad de descentramiento que es la condición del encuentro con los demás, y por lo tanto con el propio futuro.

Soulemayne Bachir Diagne: ¿Un siglo religioso? pero ¿será espiritual? en: ¿Hacia dónde se dirigen los valores?, Coloquios del Siglo XXI, Unesco.