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Cultura y Valores

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¿Realmente, qué comunicamos?

¿Qué seríamos si no pudiéramos comunicarnos, cualquiera sea el medio que usemos: verbal, visual, matemático, etc.?

El ser humano es esencialmente comunicación, y nos comunicamos por un lenguaje determinado. En realidad, todo lo que existe se comunica.

Dice George Steiner:

“Las abejas danzan mensajes precisos transmitiéndose información sobre el lugar donde hay polen, su cantidad y calidad. Los delfines se envían señales de advertencia o llamada. Es probable que los trinos y silbidos de los pájaros contengan un significado rudimentario. El significado es en realidad la esencia, la estructura básica de las formas naturales. Los colores, las secuencia, los olores, los ritmos o irregularidades de forma o comportamiento, todo contiene información. Prácticamente cualquier mensaje puede ser ‘leído’ y clasificado como declaración. Envía señales de peligro o llamada, de presencia o de ausencia de alimentos; se orienta hacia determinadas estructuras significativas o en dirección contraria. Los seres vivos, a diferencia de las unidades elementales, disponen de una amplia gama de articulaciones: posturas, gestos, coloraciones, tonalidades; secreciones, expresiones faciales. Separada o conjuntamente, todo eso transmite un mensaje, una unidad o un grupo de unidades de información focalizada. La vida se desarrolla a través de una red incesante de señales. Sobrevivir implica recibir un número suficiente de dichas señales, elegir del flujo aleatorio las que son literalmente vitales para el individuo y su especie; y decodificar las señales pertinentes con suficiente velocidad y precisión.El organismo que no logra hacerlo –ya sea porque sus receptores están bloqueados o se equivocan al ‘leer’-, está condenado a perecer. Una marmota muere si ‘lee equivocadamente’ –es decir, si no descifra correctamente- el mensaje de color, olor, textura que diferencia un hongo venenoso de uno comestible. Un peatón, al cruzar la calle, no sobreviviría si tradujera incorrectamente el mensaje cifrado de rojo y verde”.

Y páginas más adelante, agrega refiriéndose al uso del lenguaje en nuestro mundo contemporáneo: “Millones de palabras nos rodean, absolutamente vacías de significado (…) Como resultado, las formas expresivas sufrieron una enorme inflación. El porcentaje de clichés y muletillas compartidas, en las que nadie cree, se multiplica. En la civilización del teléfono, hablamos más y decimos menos. También es probable que en la civilización de la radio, la televisión y el cine, oigamos más y escuchemos menos”.

¿Hará falta algo más para decir que nos sobran modos de comunicarnos y nos está faltando el contenido profundo de lo que comunicamos?