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¿Lo erótico es lo sexual?

Es común confundir lo erótico con lo sexual, el placer de lo sexual (sobremanera sensitivo) con la relación erótica (que es algo más).

Pero, ¿qué es ese “algo más”?

Recordemos el mito griego: ahí se cuenta que en un principio los seres humanos tenían forma ovoidal, con cuatro manos y pies, dos rostros (uno hacia adelante, otro hacia atrás), y cada ser humano tenía los dos sexos. Éramos soberbios, y entonces Zeus decidió separarnos en dos mitades, lo que terminó Apolo, y quedamos como hoy somos. Eros es el dios que preside la unión de esas dos mitades, cuando se reconforma aquella unidad primordial. En la relación erótica no hay solamente el placer sexual sino el amor que completa. Eros nos salva de la división y nos retorna al origen. Pero Platón señala que no es lo único, ya que se busca a la otra persona para recuperar no únicamente la unidad original sino el estado divino en que estábamos. Por eso Diótima, personaje que educa a Sócrates en lo erótico, le señala que “ese término final al cual podrá tener acceso aquel que haya sido rigurosamente instruido en las cosas del amor, consiste en una visión repentina, en una brusca epifanía, de súbito percibirá cierta belleza de naturaleza maravillosa” (Platón, El Banquete).

Es decir, en lo orgásmico y en el mundo erótico todo, hay un encuentro con el sentido original de la existencia, con una “posesión divina” de acuerdo a la referencia común entre los antiguos, donde ya uno no es uno mismo, sino que somos lo que alguna vez fuimos y que es ser partícipes del estado divino.  Obviamente, lo sexual no es lo erótico. De lo horizontal se pasa a lo vertical. No hay una mera satisfacción fisiológica o biológica de dos personas, sino una fusión de ambas en un nuevo ser, para decirlo de alguna manera. En lo erótico, hay toda una metafísica de la unidad de las partes.

Las similitudes y diferencias entre lo erótico expuesto por Platón y lo que plantea el tantrismo, sea el yóguico como el budista, escapan a estas líneas. Hay evidentemente semejanzas en la realidad de un estado “divino” final, aunque en éstos los métodos y las práctica son de enorme importancia (dicho sea de paso, en el tantrismo lo que menos hay es práctica sexual…, a pesar de lo que generalmente se publicita).