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¿Tiene sentido la vida? ¿Tiene sentido la literatura?

Old Antique Clock Face, Sepia Toned

Dice Abelardo Castillo (Ser escritor): “Estamos atravesando lo que yo llamaría una crisis universal del sentido. La religión, la ciencia, el arte, ya no dan respuestas a nadie. El final de la historia, el fin de las ideologías, la muerte de las utopías, quieren decir sencillamente que no le vemos un sentido al mundo. La pregunta, entonces, sería: ¿Qué sentido tiene la literatura en un mundo sin sentido? No hay más que dos respuestas. La primera: ningún sentido. La segunda es precisamente la que hoy no parece estar de moda: el sentido de la literatura es imaginarle un sentido al mundo y, por lo tanto, al escritor que la escribe”.

Cuidado con estas afirmaciones.

Religión, ciencia, arte, dan respuestas ya no a todos, ya no con un peso incuestionable, sino a algunos, a sectores, con dimensión relativa. Lo que no hay son normas y creencias absolutas y masivas. Por eso el problema de las relaciones entre culturas diferentes e incluso dentro de una misma cultura (pensemos simplemente en el uso del velo en mujeres musulmanas en países occidentales, o en el derecho a su lengua de una comunidad aborigen, o en el derecho de adopción que plantean parejas no heterosexuales).

En cuanto a las respuestas de la literatura, son válidas para quien escribe, para el lector que las aprueba. Pero no todos escriben o leen. Ni la vida ni el mundo son un libro. A pesar de que sólo en una cultura sabia y profunda nos convertimos en seres humanos profundos y sabios.

Podemos vivir en el nihilismo de creer que nada vale, aunque defendamos lo propio con cinismo (ya que si nada vale, ¿por qué habrían de tener importancia mis deseos y metas?), podemos vivir creyendo que hay un sentido (y la realidad muchas veces lo desmentirá), podemos vivir sabiendo que nuestras ideas pueden no ser verdaderas: una modestia a esta altura imprescindible.

Como el mismo Abelardo Castillo lo dice: “También aprendí, hace muchos años, a tener respeto por ciertas ideas ajenas que detesto. Lo que no significa carecer de convicciones profundas o de cambiar opinión a cada momento. Mis convicciones valdrán mucho más si resisten la confrontación con lo que desprecio, y si no la resisten, qué clase de convicciones eran”.