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¿El amor es una forma de psicosis?

el amor

No son pocas las posturas en psicología que consideran al amor como una forma de psicosis. Digamos entonces que psicosis es un estado mental de definición no objetiva de la realidad. La persona sufre cambios bruscos de comportamiento, una alteración en sus procesos de pensamientos. Es evidente que esto se puede aplicar al llamado enamoramiento primero, cuando no se puede respirar si no se está con la persona querida, más que vivir la propia vida lo que se desea es compartirla con la otra persona, se abandonan las tareas habituales (trabajar, estudiar) o se las hace con la cabeza en otra parte, esa otra parte donde está precisamente lo que nos provoca el enamoramiento.

 Así como Freud consideró que el amor es siempre narcisista, Lacan lo vio como dar lo que no se tiene a quien no lo tiene, distinguiendo también entre un amor posesivo de uno evanescente, ése que acepta la posibilidad de que la relación afectiva termine. No entraremos aquí a esbozar o criticar los conceptos o teorías de lo que es el amor de dos. Ni nos referiremos tampoco a algo muy relacionado, como es la felicidad, tomando por ejemplo a Bertrand Russell (El Arte de Ser Feliz) o a Arthur Schopenhauer (La Conquista de la Felicidad). Nos quedemos entonces con esto de que el amor es una forma de psicosis, y nos situemos unos 400 años a.C. ¿En dónde? En Grecia. ¿Con quién? Con Lisias, aunque algunos dicen que su Discurso Amatorio pertenece a Platón, y otros de que es imposible determinar su autor. ¿Y qué dice Lisias ahí?

 Que es mejor el comportamiento de quien no está enamorado. ¿Por qué? Por cuatro motivos:

  1. Cuando se apaga el deseo, los enamorados se enferman, y pueden llegar a odiar a quien antes amaban.
  2. Todos se enteran de que se está enamorado, lo que resulta inconveniente.
  3. Las amistades se alejan, “se prendan del cuerpo antes de conocer el carácter”, y al terminar el deseo también puede hacerlo la amistad.
  4. Los enamorados consienten a quien aman, no exigen ni reprenden.

 La verdad es que Lisias o quien haya escrito este Discurso Amatorio traza adecuadamente el estado de psicosis a que se refieren hoy muchos psicólogos. Eso que transmite en parte el dicho de que lo que comienza con un beso termina con un bostezo.

 Nadie puede negar el festival de endorfinas que significa el enamoramiento primero. Hasta alcanzar en algunos casos mucho más que una forma de psicosis y transformarse directamente en un estado psicótico (como el delirio al que suelen llevar los celos, por ejemplo). Lisias acierta en la descripción de esas conductas. Claro que es parcial la descripción, claro que suena a mucho razonamiento y a poca emoción, a poco gustito por el hecho simple de existir. Dice literalmente Lisias: “su raciocinio es inferior a su deseo”. Que lo confirmen los empresarios, los políticos, los militares, que han perdido sus negocios, sus poderes, sus guerras, al desear y contar a quien confidenció a otros lo que no debía ni confidenciar ni contar a nadie. Los deseos con frecuencia traicionan.

 Sin embargo, ¿no será que los estados afectivos son mucho más que deseos? ¿que tras el primer enamoramiento vienen otras etapas, pocas veces consideradas, de compañía tan honda que es amatoria, erótica, lúdica, grado superior de amistad y comunicación, y otros hechos que no se detallan por no parecer cursi o demasiado obvio? Aún más: pareciera creerse que el amor es un estado fijo e inamovible, cuando es precisamente lo contrario: dinámico, imprevisible, mudable y mutable, difícil de sostener en lo diario, pleno de plenitud en su recompensa, o aterido de miedos y fríos. Pareciera creerse que es básicamente una emoción, cuando en realidad se trata de una conducta que la involucra, la contiene, y la ubica en otra dimensión. Pareciera creerse que es un sentimiento, sin observar que si no es acompañado de lúcidos razonamientos y razones, eso termina siendo muy pobre y no alcanza. Bienvenido sea el amor, bienvenido sean sus estados superiores.