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Los apetitos y la razón

cicerón

No todo lo que somos es hijo de la época en que vivimos. Es más, mucho de lo que somos se repite en cada época. Y si no, escuchemos a Cicerón (a propósito: Siglo I antes de N.E.):

“En todas nuestras acciones debemos evitar la precipitación y pereza, no haciendo cosa alguna de que no se pueda dar una razón digna de ser atendida. Para esto es menester que los apetitos obedezcan a la razón, que ni se adelanten a ella ni la abandonen por debilidad y pereza, y que estén siempre sosegados y libres de toda perturbación de ánimo. De donde resultará la constancia y moderación en todo. Porque los apetitos que se propasan más de lo justo y huyendo unas cosas y apeteciendo otras no pudiendo ser contenidos con el freno de la razón, salen, sin dudas, de sus límites y moderación, porque sacuden a la obediencia, la desprecian y no se someten a la razón, a quien los sujetó la naturaleza, y de este modo perturban, no sólo el ánimo sino también el cuerpo. Y si no, obsérvese con atención el rostro de los airados o de aquéllos que están dominados de liviandad o de miedo o de alegría excesiva, y se verá que su semblante, su voz, sus movimientos y toda su persona están demudados”.

Cicerón (106 a.C.-43 a.C.), Los Oficios.