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CLEOBULINA

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Hay que hablar de Cleobulina. Digamos que vivió unos seiscientos años antes de N.E. Fue hija de unos los siete sabios de Atenas, de Cleóbulo, aunque su padre según los historiadores la llamaba Eumetida.

Esta mujer se dio a escribir enigmas. Y atrajo con ella fama, dado que eran muy ingeniosos. Varios fueron los que la recordaron y alabaron: Cratino escribió una obra a la que puso su nombre, Laercio y Clemente de Alejandría la nombran. Y fue Plutarco el que adjudicó a Cleobulina un enigma que cita Aristóteles en la Retórica, referido a la aplicación de ventosas, y que dice así:

Vi a un hombre que con fuego soldaba bronce a otro hombre.

Que fuera escrito como enigma, no se discute. Pero, qué fineza de expresión, qué capacidad poética. Es de suponer que ni José Lezama Lima, ni Antonio Gala, ni Manuel Mujica Láinez, ni el mismísimo Horacio, por nombrar algunos de tantos donde el estilo es puerta de ingreso, hubieran rechazado semejante descripción.

Que la literatura mucho debe a mujeres como Cleobulina, qué duda cabe.