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CUANDO LEER UN LIBRO ES LEER OTRO LIBRO. ALFAGUARA: ¿CASO TESTIGO?

juan cruz ruiz tragamonedas

Mucho se ha analizado y discutido sobre quién es en última instancia el autor de un libro. Si todas las escrituras que confluyeron en lo que uno lee. Si a eso hay que sumar al autor desde el punto de vista llamémosle práctico y legal. Si a eso hay que sumar a quién está leyendo, ya que cada lector sería un nuevo autor. Entonces surgen por ejemplo las llamadas teorías de la enunciación, de la interpretación, de la recepción, por nombrar sólo tres.

Pero nada se ha dicho sobre lo que comento ahora. ¿Y si un libro no fuera ese libro que uno pidió y compró sino otro libro? El asunto no es sencillo. Observemos los detalles.

Compré hace bastante tiempo  “Muchas veces me pediste que te contara esos años”, de Juan Cruz Ruiz. Editado por Alfaguara. No viene al caso mencionar librería, calle y precio.  Baste con contar que se  trata de una edición muy cuidada. Fui directamente a lo que sería el primer capítulo. Comencé a leerlo. El título me sonó sospechoso tratándose del autor mencionado: “Acerca de las ventajas y desventajas de enamorarte en la escalera de tu edificio”. Ya en la primera página la sospecha se transmutó en desconcierto y pronto en asombro, un asombro gigantesco, a decir verdad.

Porque en libro no era “Muchas veces me pediste que te contara esos años”, de Juan Cruz Ruiz, sino “Tragamonedas” de Viviana Lysyj.

Es decir, no se trata del autor español, periodista, editor, varias veces premiado en España, y hasta director de la misma Alfaguara varios años, sino de una escritora argentina, docente y traductora, perteneciente a la llamada literatura erótica, también con premios en su haber.

Hasta aquí, todo pareciera un error de compaginación. Pero, no es tan sencilla la cuestión.

Muchas preguntas me tienen aún hoy sin respuestas.

 ¿Podrá ser que estamos ante las primeras manifestaciones de una nueva tendencia en materia de lectura, es decir que los libros ya no sólo conversan entre ellos a través nuestro, sin que nosotros lo sepamos y advirtamos, sino que además mutan y se intercambian sus contenidos?

¿Podrá ser que, hipótesis no menos creíble, que un escritor invierte sus horas y horas en escribir un libro, pero al salir de impresión hay un mecanismo por el cual no es el suyo sino el de otra persona, y de aquél tiene las tapas pero es de otra persona el interior de lo publicado? ¿Qué causas y modos ocultos, aún para la crítica y los analistas, subyacen en estas circunstancias que lenta pero inexorablemente se están produciendo en este mundo contemporáneo?

¿Y si en realidad todo se trata de una especie de tragicómico juego donde el objetivo no la trama que se cuenta sino la sorpresa del lector, y esta sorpresa fuera parte de esa trama?

No he continuado leyendo este libro. Tengo miedos o prudencias necesarias: ¿mutará otra vez en algún capítulo posterior? ¿Lo hará una o varias veces más? No me he atrevido ni siquiera a leer directamente el final, por la precaución de que hoy sea uno y semanas después otro muy distinto. Y vaya uno a saber cuántas posibilidades más hay sobre este hecho. Tampoco me he atrevido a devolverlo, o a guardarlo en un lugar lejano en mi biblioteca. Espero ansioso que alguna vez comiencen a aparecer teorías literarias, sociológicas y filosóficas sobre estos hechos. Hasta hora en vano esa espera. He pasado meses pensando si publicaba o no estas referencias. Me he decidido, obviamente. A partir de ahora, todo puede suceder. Hasta la posibilidad de que nada suceda. Pero esto también confirmaría un silencio provocado y provocador.

Ahí está el libro y sus páginas. Me mira cuando paso ante él.  Ahora mismo está al alcance de mi mano mientras esto escribo, ya que tuve que traerlo para fijarme en algunos detalles.

No sé qué ocurrirá más tarde.

PD: Si bien aquí figuran las imágenes de cada libro, es evidente que en el ejemplar comprado la tapa corresponde a lo escrito por Juan Cruz Ruiz, y de Viviana Lysiyj no hay tapa sino el contenido.