CONFESIÓN ANTE SHAKESPEARE

shakespare

Hace unos minutos estuve hojeando la edición bilingüe -nuestra lengua y francés- de poemas de Enrique Molina, y unas páginas no publicadas de Julio Cortázar, que pertenecían originalmente a Rayuela. Al mismo tiempo, suena el piano preciso y elegíaco de Ludovico Einaud, con su melodía Una Mattina, de la película The Intouchables.

Entonces, por esas ocurrencias de las memorias, ocurrencias en las que uno no es actor voluntario sino apenas un testigo de sus propios recuerdos, en esta mañana próxima al otoño, de sol lento y suave, y Enrique Molina en francés y Cortázar, me han remontado unos pocos años atrás a Shakespeare. A la librería Shakespare and Co., justito número ahí, en el 37  de la parisina Rue de la Bûcherie. Veníamos caminando sobre el Sena, disfrutando de las librerías en su orilla izquierda, y llegamos de pronto a ella. Sabíamos que no entraríamos meramente a una librería sino a un capítulo de la historia parisina y anglosajona, a toda una novela dentro de la literatura. Fue así que miramos y disfrutamos por allá, por acá, por cada rincón. Mi esposa subió y arriba se sentó ante el piano, ante más libros, ante más historia, hasta dio algunos movimientos sobre el tablero de ajedrez, con piezas de distintos juegos y texturas y materiales, y los dejó allí, para que otros siguieran la partida, como otros lo habían hecho antes que ella. Read More