En el pensamiento indio la palabra ocupa un lugar muy importante. En la tradición judeocristiana occidental, la creación del mundo y del ser humano es resultado de una palabra, de un decir (“Y dijo Dios…”), mientras que en la historia hindú el mundo es el resultado de una respiración de Brhama. Pero a pesar de esta diferencia, la palabra es uno de los caminos que más condenan o liberan al ser humano.
El gran investigador Helmut Von Glasenapp (1) escribe en Los misterios budistas refiriéndose a los tres secretos que anidan en la existencia: el pensamiento, el lenguaje y el cuerpo. Y dice: “Las tres grandes formas de la actividad humana: pensamiento, palabra y acción, presentan en todas las filosofías indias una significación trascendente, traspasando el tiempo actual y el espacio terrestre. Producen el karma, que se dilatará en una nueva existencia”.
Eso es lo que hace, por ejemplo, que tengan tanta importancia la recitación de los textos sagrados, los mantras y las mudras, y, sobremanera, la conducta ética de la persona, especialmente en lo que habla y en lo que calla. El no mentir es uno de los preceptos más esenciales de las normas indias.
(1) Ver H.von Glasenapp, en Retratos, Konvergencias, Filosofías de la India.
