Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 4 Año II Agosto/Septiembre 2003

 

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ESCRITOS FILOSOFICOS

Nimio de Anquín (Argentina)

 


 

 

 

 

Konvergencias agradece a Ediciones del Copista el poder reproducir el Prólogo escrito por A. garcía Astrada para Nimio de Anquín: Escritos Filosóficos, Biblioteca de Filosofía. Córdoba, Argentina, 2003. ISBN 987-9192-96-6.

elcopista@arnet.com.ar

 

PRÓLOGO (págs. 7-10)

"El hombre, o sea la conciencia del hombre, es como una casa que espera siempre un huésped. El hombre no puede vivir sin el huésped, que es el sostén de la casa, o sea que es la razón de la casa.Sin el huésped no se explica la casa, es decir que no se explica el hombre". Con estas palabras inicia Nimio de Anquín un opúsculo que escribiera en 1971, incluido en la presente edición.

 

Sucede sin embargo, que su conciencia no fue habitada por un solo huésped, sino que ella fue el escenario dramático, agónico, de la lucha de dos huéspedes que porfiaban por instalarse en ella. Y él no fue un pasivo e indiferente testigo de esa lucha, ni trató de solucionar las aporías que eran la causa de esa lucha, sino que por el contrario, daba a esos luchadores, apelando a su enorme erudición, las armas necesarias para que el combate prosiguiese indefinidamente.

 

En ese combate obsesivo y despiadado, era la conciencia de don Nimio la que iba desgarrándose, la que en un agotador movimiento pendular ascendía a la pura inteligibilidad del Ser y descendía, hasta casi anonadarse, en lo que él consideraba la pura irracionalidad de la Nada. Y en esa conciencia así desgarrada se había hecho una sensible caja de resonancia para captar que en nuestra época algo estaba derrumbándose y hundiéndose en el pasado y algo, con dolores de parto, insistía por salir a la luz. A lo uno memoraba con nostalgia y ante lo otro mantenía una tensa expectación.

 

Pero los huéspedes que luchaban en la conciencia de Nimio de Anquín eran unos extraños huéspedes; unos inesperados y sorprendentes luchadores: el Ser eterno de los griegos y el Dios creador del cristianismo. En esa lucha la conciliación era imposible porque había entre ellos una incompatibilidad irreductible como igualmente irreductible era lo que de ellos se originaba: el ente que participa eternamente del Ser y la creatura creada por Dios.

 

En un momento de la evolución de su pensamiento De Anquín creyó en la posibilidad de una síntesis de esas dos posiciones y pretendió dar a ideas originaria y esencialmente teológicas cartas de ciudadanía en la filosofía.

 

Pero luego vino la crisis. Para él, en filosofía, la Nada entendida en sentido bíblico, tenía que ser excluida en forma absoluta porque ella era la expresión de la pura irracionalidad. Por una parte esta crisis era el resultado de la continua y profunda lectura de Hegel; por la otra, su fina sensibilidad al espíritu de la historia la cual, en forma dramática, mostraba su nueva era, en la cual todos nosotros vivimos ahora. También Heidegger, por ejemplo, dice que la experiencia del pensar debe tener la suficiente lucidez para advertir que en la época actual se ha producido un radical viraje del Ser. El Ser, dice, está torsionado, verwunden wird.

 

En uno de los trabajos que se incluyen en este volumen, De Anquín afirma que en sus clases él reclamaba de sus alumnos dos condiciones fundamentales para que sigan su pensamiento: la primera es la conciencia de la eternidad del Ser; la segunda, la capacidad de advertir que vivimos en una nueva era, no en el sentido de que en ello se produzca una renovación transitoria, sino en el sentido de lo absolutamente nuevo. Y eso es, sigue diciéndole a sus alumnos, lo que él llama un nuevo eón de acuerdo a la tradición griega. Don Minio dice que esta idea de los eones llega a Grecia pero parece que es originariamente irania y que está implícita en la escatología zarathústrica-zoroástrica. En realidad, agregamos por nuestra parte, la idea de los eones está en todas las concepciones que piensan en la eternidad del Ser y en su infinito devenir cíclico. En el hinduísmo, por ejemplo, se habla de kalpas, es decir de períodos de la eternidad que van desde el nacimiento hasta la destrucción de un mundo. La eternidad va dándose en estos kalpas o eones cuya duración es indefinida, aunque ciertamente muy extensa: a veces de alrededor de dos mil años, otras de más aún. En el hinduísmo estamos en la era del kali-yuga, que es la última de un Manvatara, que para esa tradición significa el ciclo completo de una manifestación del Universo.

 

La teoría de los eones está presente en los mitos del tiempo cíclico y del eterno retorno. Mircea Eliade en Traité d’Historie des Religions escribe: "Las creencias en un tiempo cíclico, en el eterno retorno, en la destrucción periódica del Universo y de una nueva humanidad regenerada, son creencias que atestiguan ante todo el deseo y la esperanza de una regeneración periódica del tiempo transcurrido, de la historia. En el fondo el ciclo es el Gran Año, para retomar un término por otra parte bien conocido en la terminología greco-oriental: el Gran Año comenzaba por una Creación y acababa por un Caos, es decir por una fusión completa de todos los elementos". Una proyección de esta idea podemos encontrarla en la ciencia cuando Prigogine habla de un mundo como resultado de un proceso entrópico de uno anterior. El nuevo mundo sigue el mismo proceso hasta destruirse y dar lugar a otro y así indefinidamente.

 

Esta edición de Escritos Filosóficos recoge algunos trabajos que De Anquín escribió después de la crisis mencionada, acaecida en la década del cincuenta. Diría que El Ser visto desde América marca el límite de las dos etapas en el desarrollo de su pensamiento. La primera, sin embargo, nunca fue totalmente abandonada por él.

 

Arturo García Astrada