Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 9 Año III Junio 2005

 

portada

 

 

 


 

 

¿FUE EL RAPTO DE HELENA LA ÚNICA CAUSA DE LA GUERRA DE TROYA?

 

Rubén Soto Rivera (Puerto Rico)

 


 

 

 

 

Dedico este trabajo a

Gradisa Fernández
y a la memoria
de Águedo Mojica
*

 

         Cuando preparábamos una conferencia acerca de Homero, con motivo de la Semana de las Humanidades, recordamos rápido un verso de la Ilíada, del cual siempre que la hemos enseñado, nos ha llamado la atención la extrañeza del verso 765 del capítulo 24, donde Helena dice que hace veinte años que reside en el palacio de Príamo. A mis alumnos, les preguntaba que si la Guerra de Troya duró diez años y si la misma fue causada por el rapto de Helena para recuperarla de manos de Paris Alejandro, ¿por qué dice la hija de Leda y Zeus que ya han trascurrido veinte años, contando el ahora en curso cuando Aquiles mató a Héctor, desde aquél en que ella se vino de Lacedemonia y salió de su patria? Esta pregunta la hacemos a los estudiantes, cuando discutimos ese pasaje de la Ilíada, en el cual Helena prorrumpe en un lamento fúnebre en honor de su cuñado Héctor, y la contestación que les ofrecía a mis alumnos era que la Guerra de Troya no fue sólo para rescatar a Helena, esposa de Menelao, sino para controlar imperialísticamente el estrecho de los Dardanelos y comerciar a su conveniencia con las poblaciones que usaban del mar que los mismos conquistadores griegos llamarán después Helesponto (“Mar Griego”), así como los romanos denominarán “Mare Nostrum” (“Nuestro Mar”) al Meditarráneo. Trataremos en este artículo de especificar filológicamente la anterior respuesta, ofrecida entonces a mis alumnos.

         Primero, oigamos el treno de Helena en memoria de su difunto cuñado; en ése está consignado el pasaje homérico que desautoriza la mítica causa de la Guerra de Troya. Los versos rezan así:

 

Y entre ellas, luego, Helena,

la tercera, iniciaba los lamentos:

“¡Héctor, que, de entre todos mis cuñados,

para mi corazón, sin duda, eres

con mucho el más querido!

Mi esposo es, ciertamente,

Alejandro a los dioses parecido,

que aquí, a Troya, me trajo,

¡ojalá yo antes de eso

hubiera perecido!

Porque ya han transcurrido veinte años,

contando el ahora en curso,

desde aquel en que yo de allí me vine

y salí de mi patria;

pero jamás he oído de tu boca

una palabra mala o ultrajante;

antes bien, cada vez que cualquier otro

me increpaba en palacio,

uno de mis cuñados o cuñadas,

o bien de las mujeres

o bien mi suegra (puesto que mi suegro

ha sido siempre como un dulce padre),

tú, por tu parte, con buenas palabras

dándoles tu consejo,

lograbas contenerlos,

con ese tu carácter apacible

y tus dulces palabras.

Por eso a ti te lloro al mismo tiempo

que lloro yo por mí, desventurada,

y tengo el corazón acongojado:

porque ya en la ancha Troya no me queda

ningún otro que amable sea conmigo

o bien mi amigo sea,

pues todos a mi vista se horrorizan”.

Así dijo entre lloros,

y el pueblo innumerable,

respondiendo, gemía (Il., 24.761-778). (1)

Repitamos las palabras claves de Helena, las cuales son la razón de ser de esta ponencia: “Porque ya han transcurrido veinte años, contando el ahora en curso, desde aquel en que yo de allí me vine y salí de mi patria”. El cuento “Semejante a la noche”, de Alejo Carpentier, comienza con un epígrafe de la Ilíada, el cual dice: “Y caminaba, semejante a la noche”. El verso homérico sugirió el título del cuento:  

 

Se decía que toda la historia del doloroso cautiverio de la hija de Leda, ofendida y humillada por los troyanos, era mera propaganda de guerra, alentada por Agammenón, con el asentimiento de Menelao. En realidad, detrás de la empresa que se escudaba con tan elevados propósitos, había muchos negocios que en nada beneficiarían a los combatientes de poco más o menos. Se trataba sobre todo de --afirmaba el viejo soldado-- de vender más alfarería, más telas, más vasos con escenas de carreras de carros, y de abrirse nuevos caminos hacia las gentes asiáticas, amantes de trueques, acabándose de una vez con la competencia troyana. (2)

 

Esta cita compendia este artículo, y hasta podríamos culminarlo aquí mismo, si no fuera porque aduciremos razones filológicas para subdeterminar la interpretación del pensador cubano acerca del texto griego de la Ilíada 24, 765, acerca de la verdadera causa de la Guerra de Troya.

         Empezaremos con otra cita homérica, pero esta vez para reforzar el dato de que la Ilíada dice categóricamente que la guerra contra los troyanos duraría diez años. El homérico Odiseo dice:

 

Pero para nosotros

que aquí permanecemos todavía,

es el noveno año el que está a punto

de acabar su curso. Por lo cual

yo no me indigno de que los aqueos

no puedan soportarlo a la vera

de sus naos recorvadas.

Pero es, pese a todo, una verguenza,

¡fijaos!, aquí estar tan largo tiempo

y regresar con las manos vacías.

Aguantad, mis amigos, y quedaos

durante un tiempo, hasta que sepamos

si Calcante está vaticinando

diciendo la verdad o nada de eso.

Pues ya esto en nuestras mentes bien sabemos

y de ello testigos sois vosotros,

a los que aún las Parcas de la muerte

no se fueron llevándoos consigo:

Ayer o anteayer, cuando las naves

de los aqueos se iban reuniendo

en Áulide, dispuestas a llevar

a Príamo desastres y a los teucros,

y nosotros en torno de una fuente,

debajo de un plátano hermoso,

de donde cristalina agua fluía,

estábamos en sagrados altares,

por un lado del ara y por el otro,

ofreciendo a los dioses inmortales

de hecatombes perfectas sacrificios,

allí mismo mostróse un gran prodigio:

Una serpiente de encarnado lomo,

espantosa, que echó, naturalmente,

el propio dios Olímpico a la luz,

saltando de debajo del altar,

al plátano lanzóse, en efecto.

Y allí de un gorrión había crías,

en lo más alto, bajo unas hojas,

agazapados, ocho,

que hacían con la madre

que los pariera un grupo de nueve.

Allí íbalos la sierpe devorando,

a ellos que piaban y seguían

piando con piídos lastimeros;

la madre en torno revoloteaba

de sus queridos hijos, lamentando

su suerte, pero a ella la apresó,

cogiéndola del ala en tanto que ella

chillaba sin cesar de un lado y otro.

Pero una vez que había devorado

a los gorriatos y a la propia madre,

a la serpiente la volvió invisible

el dios precisamente

que visible la hiciera;

pues convirtióla en piedra el dios hijo

de Crono el de torcidos pensamientos.

Y nosotros, de pie, ante este prodigio

producido quedábamos suspensos,

cuando en las hecatombes de los dioses

los horrendos portentos penetraron;

y Calcante, al punto, después de eso,

haciendo vaticinios, así hablaba:

“¿Por qué os quedasteis en silencio, aqueos

de larga cabellera en las cabezas?

En verdad a nosotros ver nos hizo

Zeus, el consejero, este prodigio,

tardío en su llegada y cumplimiento,

del que jamás perecerá la fama.

Así como esa sierpe devoró

a los gorriatos y a la propia madre

(ocho en total que hacían con la madre

que los pariera un grupo de nueve),

así nosotros allí lucharamos

a lo largo de otros tantos años,

pero al décimo año tomaremos

la ciudad de anchas calles”. Así hablaba

aquel; eso ya ahora

se está cumpliendo en su totalidad.

Pero, ¡venga!, quedaos aquí todos,

aqueos de hermosas canilleras,

hasta que al fin un día

la gran ciudad de Príamo tomemos.” (Il., 2.295-). (3)

 

Repitamos con Odiseo: “al décimo año tomaremos la ciudad de anchas calles”. Homero, quienquiera que haya sido, es explícito ahí cuando rememora la profesía del adivino Calcante. Apolodoro (c. 140 a.C.), en su Biblioteca mitológica, resume que al enterarse Menelao del rapto, fue a Micenas a ver a Agamenón y pidióle reunir un ejército contra Troya reclutándolo en toda Grecia; y que Él, por medio de un heraldo enviado a la totalidad de los reyes, les recordó los juramentos que habían prestado y los exhortó uno por uno a asegurarse respecto a la propia esposa, añadiendo que  la afrenta había sido una y la misma en contra de la Hélade.(4) Cuando Tindáreo, el padre humano de Helena, decidió casarla, acudieron casi todos los príncipes de Grecia, excepto Aquiles, quien era demasiado joven para casarse. Puesto que había tantos y tan poderosos pretendientes, Tindáreo temió que al elegir a uno, los demás quedaran descontentos y provocasen una guerra contra él. Odiseo le aconsejó que fuera Helena quien eligiese marido y que antes persuadiera a los pretendientes de que jurarían solemnemente respetar la elección de Helena, y que los restantes pretendientes acudirían en auxilio del electo en caso de que Helena le fuese disputada. Tindáreo recompensó al buen consejero Ulises con la mano de Penélope. Apolodoro interpreta las líneas homéricas arriba citadas en el sentido de que la guerra duraría nueve años:

 

Cuando el ejército estaba en Áulide ocurrió que, tras la celebración de un sacrificio a Apolo, surgió una serpiente de detrás del altar y trepó a un plátano cercano, donde había un nido; y, después de engullir a los ocho polluelos que alojaba y a la madre en noveno lugar, se convirtió en piedra. Entonces Calcante dijo que semejante signo se había producido ante ellos por determinación de Zeus y aseveró, basándose en lo ocurrido, que Troya había de ser tomada en un espacio de tiempo de nueve años. Finalmente estuvieron dispuestos para navegar sobre Troya. El propio Agamenón era el jefe supremo del ejército, mientras Aquiles, con quince años de edad, comandaba la flota. (5)

 

Apolodoro afirma luego que pasan nueve años y acuden aliados en ayuda de Troya .... (6) y bastante después asevera que estando ya la guerra en su décimo año, Calcante vaticina a los desanimados helenos que Troya no puede ser expugnada de otra forma que contando con el arco y flechas de Heracles como aliados. (7) El literato y estudioso de la mitología griega, Robert Graves, evoca otra tradición que asegura que la Guerra de Troya habría de durar sólo diez años. Sus palabras dicen:

 

Agamenón y Palamedes fueron a visitar a Ulises, rey de Ítaca, pero lo encontraron con muy poca voluntad para unirse a la expedición. De hecho, cuando le dijeron que llegaban, se puso un birrete redondo de fieltro de profeta y labró un campo con un buey y un burro unidos con un yugo arrojando sal sobre su espalda mientras trabajaba. Hacía esto porque un oráculo le había advertido que, una vez que hubiera abandonado Ítaca para ir a Troya a luchar, no volvería hasta después de veinte años, solo y andrajoso.

   “Labrar con un buey y un burro” era un proverbio que quería decir trabajar verano e invierno, y cada surco sembrado con sal valía por un año perdido. Palamedes se llevó al hijo de Ulises, Telémaco, de los brazos de Penélope y lo puso delante de los animales, forzando a su padre a detenerlos. Con ello, Palamedes profetizó que telémaco, o “la batalla final”, tendría lugar el décimo día. Ulises se comprometió a aportar una pequeña flota, ya que no pudo negarse a ello. (8)

 

Pierre Grimal asegura categóricamente que: “En la tradición homérica, Helena vivió realmente en Troya, mientras duró la guerra”. (9) Alfonso Reyes reitera lo mismo: “El sitio de Troya por los aqueos, como hemos dicho, duró diez años. La Ilíada ocupa 51 días del último año, y acaba antes de que se consume la caída de Troya, con la muerte de Héctor a manos de Aquiles, el jefe de los mirmidones y el guerrero más valeroso”. (10)  

         Por tanto, cuando el pasaje de la Ilíada 24, 765 afirma que Helena moró, desde que salió de Lacedemonia hasta que murió Héctor, veinte años en el palacio de Príamo, desdice la tradición homérica de que la Guerra de Troya fue exclusivamente para rescatar a Helena, cuñada de Agamenón, rey de Micenas y comandante en jefe de la coalición helena contra los troyanos. Porque si la guerra duró diez años y si Helena vivió diez en el derruido palacio troyano, entonces ella vivió diez años más, después de la destrucción de Troya, en el palacio real de dicha ciudad; lo cual es absurdo porque Troya fue destruida, Héctor y Príamo, muertos; y contradice la tradición mitológica expresada por Eurípides en sus Troyanas y por Virgilio en su Eneida, de que Helena se fue con Menelao tras la caída de Troya. La otra alternativa es que Helena había morado diez años antes de la Guerra de Troya en el palacio de Príamo; lo cual sugiere que el presunto rapto de la esposa de Menelao por parte de su huésped Alejandro, príncipe de Ilión, no fue la causa inmediata y efectiva de que Agamenón convocara una coalición militar helena contra la ciudad de las anchas calles. Cuando leímos la línea homérica 24, 765 pensé, que tal vez haya otra lectura, o variante, en el texto griego de la Ilíada, puesto que antes de la invención de la imprenta se escribían manuscritos y éstos solían presentar algunas variantes de lectura, debido a errores de los copistas, o un pluralismo de tradiciones, que la voz poética de Homero no pudo ocultar. Nuestra investigación ulterior parece demuestrar que la segunda alternativa es la correcta. Quienquiera que haya compilado los cantos homéricos olvidó o no consideró importante alterar el verso 765 del capítulo 24, para no alterar el hexámetro homérico (el pie poético). He aquí el recuento de esta parte de mi investigación:

         Hallamos casualmente una edición de la Ilíada, en griego homérico. Dichos libros eran de la biblioteca personal del extinto humanista Aguedo Mojica. Dedicamos este trabajo a la memoria de este ilustre humanista puertorriqueño, porque cuando cotejamos el pasaje en cuestión en la edición en griego de la Ilíada, que usaba A. Mojica, para corroborar si el editor consignaba alguna variante de lectura del 24, 765, hallamos que Mojica había subrayado las líneas griegas correspondientes a lo que en español se ha traducido: “han transcurrido veinte años” (v. 765), y “puesto que mi suegro ha sido siempre como un dulce padre” (v. 770). Además, los versos desde el 760-775 están encerrados entre dos abarcadoras llaves en ambos extremos de dichos versos. La edición de la Ilíada que utilizaba Mojica está editada por C. G. Heyne y está fechada con el año de 1822. Está anotada con breves anotaciones en latín y suscribe algunos comentarios griegos de escoliastas. La anotación en latín correspondiente al verso 765 reza: “Pasaje memorable, o introducido en la Ilíada, o toda la Guerra contra Troya, con sus intervalos, se organizó desde entonces” (Locus memorabilis, aut illatus in Iliadem, aut constituta inde est tota res Iliaca cum temporibus).(11) El comentario griego al pie de página dice: “Pues en una decena de años se reunió el ejército de los helenos; en otra decena de años se saqueó a Ilión.”(12) Esta explicación no concuerda con la tradición mitológica grecorromana, que establece que Agamenón y Menelao comenzaron a organizar la expedición contra Troya inmediatamente después de haberse enterado del rapto de Helena. Cuando hubo una demora para que la expedición militar helena zarpara, fue porque los vientos no eran propicios a causa de la ira de Artemisa; Agamenón cedió en sacrificar a su hija Ifigenia en Áulide, como lo mandó Calcante, y creyó que la sacrificó (aunque Artemisa la sustituyó en el último momento por una cierva y la puso a salvo en Táuride como su sacerdotisa), para que los vientos empujaran las cóncavas naves hacia Ilión. Pero esa demora no duró diez años.

         Consultamos otro comentario griego de los poemas de Homero: los de Eustacio de Tesalónica (muerto h. 1195 d.C.). La glosa de éste dice:

 

Se ha de pensar que el año “vigésimo”, de cuarto sílabas, es a partir del saqueo, puesto que diez años pasaron volando en la reunión del ejército, al congregar los aqueos que había en la Hélade y al averiguar cuánta riqueza y fuerza los troyanos habían adquirido; los otros diez años se cumplieron en el cerco de Troya. No hay, sin embargo, que calcular tampoco, para el retorno de Odiseo (que duró veinte años), los diez años transcurridos en la reunión del ejército, durante la cual --se dice-- que los aqueos invernaban en sus propias casas y pasaban los veranos en Áulide; sino los diez años de la guerra y otros tantos de extravío. Lo dicho es una anotación homérica para que el oyente de la Ilíada pudiera saber de quiénes el poeta se ocupa en el libro.(13)

 

Los antiguos comentaristas homéricos se confrontaron con un problema filológico y cronológico y pretendieron resolverlo aduciendo que si la guerra duró diez años y si Helena dijo que estuvo veinte en Troya, entonces es porque Agamenón y Menelao tardaron diez años en lograr una coalición de reyes helenos contra Ilión. Pero esta es una explicación pro domo y a posteriori. Escoliastas bizantinos como Eustacio resisten admitir que Homero se haya equivocado.

         Nuestra investigación prosiguió esta vez en una librería, porque hasta en las mismas se puede investigar. Ahí, hallamos un comentario contemporáneo de la Ilíada. Malcom M. Willcock comenta así la línea en cuestión:

 

765. the twentieth year. Here is the final difficulty of the Iliad. How can Helen say this, when the war is just beginning its tenth year? Three explanations have been given:

         1. The scholia simply say that it took the Greeks ten years to assemble their forces.

         2. Some modern commentators (Von der Muhll 389, Kullmann 192) think that there is a reference to the abortive expedition which the Greeks were said to have mounted before they eventually got to Troy; on that former occasion they reached Mysia, where their chief adversary was Telephos.

         3. It has been suggested that the phrase is formulaic, echoing Odyssey 19.222-23, where the statement that appears here as 765-66 is used by Odysseus --whom, of course, it suits, because of his ten years of wandering after the Fall of Troy.

         The third explanation is in line with the modern theory that the pressure of formulaic composition leads to carelessness about details, althought it is an extremely violent example. The other two are unconvincing, for it is difficult to see why either of the actions cited should have taken as long as ten years.

         All the same, there are complicated questions of chronology raised by the Trojan War. For example, how old is Neoptolemos supposed to be? His presence in Troy in the last year of the war implies that at least seven or eight years elapsed between the time Achilleus was hidden on Skyros (19.326-27) and the beginning of the war. Telemachos in the Odyssey, on the other hand, must not be more than twenty years old when his father returns.(14)

 

M. M. Willcock no está satisfecho con ninguna de las alternativas propuestas hasta el momento cuando redactó su comentario a la Ilíada. Ahora, ha devenido una ocasión para fundamentar la interpretación de Carpentier y nuestra hipótesis hermenéutica. Para esto, recurriremos a las palabras de Isócrates, quien dijo a los atenienses:

 

Es mucho más lo que ha quedabo por decir que lo que se ha dicho. Porque, aparte de las artes, filosofías y otras ventajas que uno podría referir a aquélla o a la guerra de Troya, pensaríamos con justicia que Helena es la causa de que no estemos esclavizados por los bárbaros. Descubriremos, en efecto, que los griegos se pusieron de acuerdo por su causa e hicieron una expedición común contra los bárbaros, y que entonces, por vez primera, Europa levantó un trofeo en Asia; y a causa de estas acciones cambiamos tanto que, en la época anterior, los bárbaros que no tenían éxito en su tierra se consideraban capaces de gobernar ciudades griegas -Dánao, huido de Egipto, sometió Argos; Cadmo, el sidonio, reinó sobre Tebas; los carios se asentaron en las islas; Pélope, hijo de Tántalo, se apoderó de todo el Peloponeso-- mientras que, tras aquella guerra, nuestra raza tomó un incremento tan grande como para quitar a los bárbaros grandes ciudades y mucho territorio. Si algunos quisieran continuar este tema y ampliarlo, no carecerán de motivo para poder elogiar a Helena, aparte de lo dicho; por el contrario, encontrarán muchos y extraordinarios argumentos para hablar sobre ella (“Elogio de Helena”, 67-69). (15)

 

Según Juan Manuel Guzmán Hermida, el “Elogio de Helena” es inmediatamente posterior al discurso “Contra los sofistas”, y su fecha, por tanto, sería poco después del 390 a. C.(16) La interpretación de Carpentier en el sentido de que toda la historia del doloroso cautiverio de la hija de Leda, ofendida y humillada por los troyanos, era mera propaganda de guerra, alentada por Agamenón, con el asentimiento de Menelao y que en realidad, detrás de la empresa, que se escudaba con tan elevados propósitos, había muchos negocios que en nada beneficiarían a los combatientes de poco más o menos, está confirmado de modo oratorio por Isócrates: Helena era el símbolo clásico de la unión de Occidente contra Oriente. En vista de la Guerra de Troya, el presunto rapto de Helena fue casuístico. Según un fragmento de dudosa atribución a Hesíodo (Paráfrasis a Licofrón, 822): “Sobre Helena, Hesíodo fue el primero que introdujo el fantasma.”(17) Cástor explica acerca de Helena que: “Ésta ha llegado del palacio de Proteo en Egipto y nunca fue a Troya; Zeus envió a Ilión un simulacro de Helena para enzarzar a los humanos en disensiones y muertes” (Electra, 1280). (18) José Luis Calvo Martínez anota que la historia del simulacro de Helena fue introducida por Estesícoro en su Palinodia.(19) Los versos en cuestión dicen: “No es verdad ese relato: ni te embarcaste en las naves de hermosos bancos ni llegaste a la ciudadela de Troya” (PMG 193a).(20) Francisco Rodríguez Adrados ha insistido en que la Palinodia, escrita en desagravio de Helena (que, supuestamente, habría cegado al poeta) (21), se deben al deseo de honrar la tradición espartana, donde Helena era una diosa, y este poema debió de ser cantado en Esparta.(22) Hoy, la propaganda hace las veces de fantasma y Zeus. También hoy, un simulacro de democracia hace su fantasmal aparición para justificar políticamente las mismas barbaries en que algunos paladines de la democracia consideraron oportunistamente sustituir. Robert Graves concuerda con Carpentier, al asegurar que:

 

La guerra de Troya es histórica y, cualquiera que pueda haber sido su causa inmediata, fue una guerra comercial. Troya dominaba el valioso comercio del  Mar Negro en oro, plata, hierro, cinabrio, madera para la construcción de naves, lino, cáñamo, pescado seco, aceite y jade chino. Una vez tomada Troya, los griegos pudieron establecer colonias a todo lo largo de la ruta de comercio oriental, que llegó a ser tan rica como las del Asia Menor y Sicilia. Al final, Atenas como la principal potencia marítima, fue la que más se benefició con el comercio del Mar Negro, especialmente con la baratura del cereal; y fue la pérdida de una flota que guardaba la entrada del Helesponto la que arruinó en Egospótamos en 405 a. de C. y puso fin a las largas guerras con el Peloponeso. Quizá, en consecuencia, las constantes negociaciones entre Agamenón y Príamo no se relacionaban con la vuelta de Helena tanto como con la restauración de los derechos griegos a entrar en el Helesponto. (23)

 

Por supuesto que no debemos perder de perspectiva que la religión y la política, en tiempos de Homero y de Isócrates, funcionaban simbióticamente, pero, a pesar de esa simbiosis, los políticos como Agamenón y los soldados de fila como Tersites sabían distinguir bastante bien entre lo que era predominantemente político-económico (conquistar Troya) y lo que era eminentemente religioso (regresar a la tierra de los dioses tutelares, o patria).

 

 


* Este artículo es una reelaboración de una ponencia ofrecida en dos distintas ocasiones. Primero, con motivo de la celebración de la Semana de las Humanidades, con el lema “Grecia y la Actualidad de lo Clásico”, el Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Humacao Colegio, auspició esta conferencia (el martes 25 de abril del 2000). Por segunda vez, e invitado por la Dra. Lilliana Ramos Collado (cuya conferencia, entonces, fue “Las culturas de la memoria: Homero y Kundera”), ofrecí semejante conferencia con este título: “Los veinte años de Helena de Troya”, durante esta otra ocasión: ¿Por qué leer los Clásicos? Jornadas de revisión y creación curricular. FORO: MALESTARES DE LA MEMORIA (el 9 de mayo de 2002 [anfiteatro de Ciencias Naturales, 8:00 A.M. Facultad de Estudios Generales, 8-10 de mayo de 2002]). Ahora, aparece finalmente impresa, esta versión, gracias a la generosidad y perspicacia académica, otra vez, de Lilliana Ramos Collado, editora de la revista Barbaria, cuyo primer número inauguramos con este ejemplar que tiene en manos, Vd., caro lector.

 

 

 

(1) Homero. Ilíada, ed. de Antonio López Eire, Madrid: Ediciones Cátedra, 1995, pp. 1029-1030.

(2) Alejo Carpentier: Cuentos completos, Barcelona: Editorial Bruguera, 2da ed.: 1983, p. 114. Cuando resumimos a la Prof. Lourdes Suárez, co-organizadora de la Semana de las Humanidades, y quien nos había pedido además que prepara una conferencia sobre Homero, el tema de mi futura ponencia, le pareció bastante interesante y comentó que, aunque ella no se había percatado de la problemática proposición de Helena en la Ilíada 24, 765, no obstante, a sus estudiantes de las humanidades clásicas, les enseñaba una interpretación parecida a la nuestra, acerca de la más verosímil causa de la Guerra de Troya, pero a través de un cuento de Carpentier: “Semejante a la noche”.

(3) Homero: Ilíada, pp. 93-95.

(4) Biblioteca mitológica, trad. de Julia García Moreno, Madrid: Alianza Editorial, 1993, p. 223.

(5) Biblioteca mitológica, pp. 223-224. Cf. Homero, Ilíada II 229-230; Cicerón, Sobre la adivinación II 30, 63-65; Ovidio, Met. XII 11-23.

(6) Biblioteca mitológica, p. 230.

(7) Biblioteca mitológica, p. 235.

(8) La guerra de Troya, trad. de Fénix Servicios Editoriales, Madrid: Unidad Editorial, 1998, pp. 14-15.

(9) Diccionario de mitología griega y romana, trad. de Pedro Pericay, Barcelona: Ediciones Paidós, 1984, p. 231.

(10) Obras completas de Alfonso Reyes. XVII: Los héroes -- Junta de sombras. Fondo de Cultura Mexicana, 1983, p. 120.

(11) Homeri Ilias cum brevi annotatione curante C. G. Heyne. Accedunt Scholia Minora passim emendata. Oxonii, e Typographeo Clarendoniano, 1821; vol. 2, p. 482.

(12) Mi traducción del griego en ibidem.

(13) Mi traducción del texto griego en, Eustathii Archiepiscopi Thessalonicensis Commentarii ad Homeri Iliadem ad Fidem Exempli Romani Editi. Hildesheim: Georg Olms Verlagsbuchhandlung, 1960; vol. 3, pp. 383-384.

(14) A Companion to the Iliad. Chicago and London: The University of Chicago Press, 1976; p. 275. El pasaje de la Odisea, referido arriba, dice: “Y le respondió y dijo el muy astuto Odiseo:

   “Mujer, es difícil decirlo después de tan larga separación, pues ya hace veinte años que marchó de allí y dejó mi patria, pero aun así te lo diré como mi corazón me lo pinta” (19.222-223 [Homero: Odisea, ed. de José Luis Calvo, Madrid: Ediciones Cátedra, 5ta ed.: 1992, p. 324]).

(15) Isócrates: Discursos I, trad. de Juan Manuel Guzmán Hermida, Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 1979, pp. 182-183. “A su vez Helena la rapta Alejandro, según unos por determinación de Zeus, para que su hija llegara a ser célebre por el enfrentamiento militar entre Europa y Asia; o, conforme al dictamen de otros, para que fuese enaltecida la raza de los semidioses. Por una u otra causa, Eris arroja una manzana trofeo de belleza entre Hera, Atenea y Afrodita, y Zeus ordena a Hermes que las conduzca al Ida a presencia de Alejandro, para que sean juzgadas por él” (Apolodoro: Biblioteca mitológica, p. 222).

(16) Isócrates: Discursos I, p. 166.

(17) Hesíodo: Obras y fragmentos, trad. de Aurelio Pérez Jiménz y Alfonso Martínez Díez, Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 2000, p. 290, fr. 358.

(18) Eurípides: Tragedias II, trad. de José Luis Calvo Martínez, Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 1978, p. 336.

(19) Eurípides: Tragedias II, p. 336, n. 53.

(20) Lírica griega arcaica (Poemas corales y monódicos, 700-300 a. C.), trad. de Francisco Rodríguez Adrados, Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 2001, p. 184, fr. 55.

(21) “Queda entonces el problema de si Estesícoro, en su palinodia, aludía a su ceguera o si ésta era una leyenda frecuente (como en efecto lo era) en caso de desacato a un dios y había sido aplicada a Estesícoro a partir de alguna expresión ambigua, un uso figurado de ‘ciego’, por ejemplo. Esto es lo que piensa Bowra en su Greek Lyric Poetry, quien añade que la razón real para escribir Estesícoro una Palinodia estaba en que en Esparta, ciudad a cuyas fiestas acudía Estesícoro a presentar sus poemas, Helena era una diosa” (Lírica griega arcaica, p. 181).

(22) Lírica griega arcaica, p. 146. “La Palinodia parece una recantación de la anterior Helena para satisfacer a los espartanos, pues allí Helena era una diosa. Sin duda, se destinaba a ser cantada en una fiesta espartana” (op. cit., pp. 134-135).

(23) Los mitos griegos, trad. de Luis Echávarri, Madrid: Alianza Editorial, 1986, vol. 2, pp. 382-382. En otro libro Graves, reconstruye ficticiamente el mensaje de Agamenón a los reyes griegos: “Esta razonable respuesta enojó a Agamenón, que envió mensajeros por toda Grecia para recordar a los pretendientes de Helena el juramento y para reunir voluntarios.

   --Los dioses están de nuestra parte ‘’explicó-- por el comportamiento traicionero de Paris. No tendremos ningún problema para saquear Troya, que es inmensamente rica. Su caída nos permitiría el paso hacia el mar Negro. Los troyanos, que guardan todos los estrechos, ahora nos hacen pagar el doble por todos los productos importados de Oriente, como la madera, el hierro, las pieles, los perfumes, las especies y las piedras preciosas. ¡Qué placer, ahorrarnos tanto dinero!” (La guerra de Troya, p. 14).