Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 2 Año I Enero 2003

 

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NUESTRO MUNDO, TODOS LOS MUNDOS

 

Lidio Mosca Bustamante (Argentina)

 


 

 

 

 

    

 "El ser humano no es, como lo ha creído mucho tiempo,

sólido punto central del mundo el, sino el eje y la cima

del desarrollo, y esto es mucho más bello"

Pierre Teilhard de Chardin

 

     El ser humano tiene todavía la tendencia de creer que el mundo que habita es uno solo y que los animales y demás seres vivientes lo comparten con nosotros tal como lo percibimos. En una palabra, pensamos que el perro y el gato de Doña María nos ven tal cual nosotros nos vemos. Partamos del concepto de que, este mundo es, para nosotros, de la forma que los órganos perceptivos nos delatan. Y no podría ser de otro modo. Consideremos entonces que si el sistema visual que poseemos nos representa (o "dibuja") un árbol con un tronco determinado y una copa características, otro sistema visual, es decir, otro tipo de globo ocular, otros nervios ópticos, lograrán una imagen distinta. Para comprender mejor lo que digo me valdré de un ejemplo: imaginemos que lo que vemos es ese árbol, el sistema conductor (el ojo y los nervios que transportan y analizan) es una cámara proyectora de fotografías o de cine y que la imagen final proyecta sobre una pantalla (la retina es la pantalla en la que se proyecta la imagen lograda). Si cambiamos la cámara proyectora que es la que interpreta y traduce la imagen obtendremos una muy distinta. Esa diferencia de la imagen es más grande en cuanto la máquina proyectora más se diferencia de la que usamos normalmente. Pues, bien, el sistema ocular (la cámara proyectora) de los animales es completamente distinto. El lente que se halla en el globo ocular difiere en un gato con el de un hombre. No deseo entrar en las diferencias físicas propiamente dichas, ya que necesitaría de mucha extensión para lograrlo y, además, nos llevaría por un camino más especializado. Lo cierto es que si el gato posee un sistema visual distinto él ve el mundo de otro modo. De hecho sabemos que los felinos ven muy bien por la noche, la pupila está hecha de tal modo que cuando escasea la luz ellos distinguen sin embargo la presa. Eso es así, porque ellos cazan principalmente de noche. Ya vemos que los animales ven de otro modo, el árbol es otro árbol, y la laucha es otra laucha para ellos. A eso se le añade la forma en que la huelen y la forma en que la tocan. De otro modo no sería posible que la hiena y ciertas aves de rapiña coman carne en estado de putrefacción. Tomemos conciencia entonces que si este alimento en descomposición oliese y gustase a estos animales como a nosotros sería imposible que les gustara. Y ni qué hablar entonces de aquellos animales que cuentan con órganos que aumentan y "perfeccionan" los sentidos. Me refiero a la función táctil especial de los bigotes en el gato, en la exquisita capacidad de ciertas arañas para sentir las vibraciones a través de sus patas (por las cuales capta el momento en que algún insecto ha caído en su red tendida para este fin) por ejemplo. Podemos nombrar miles, y hasta podemos nombrar los sentidos especiales que los seres humanos no tenemos y que muchos animales poseen, como ser, por ejemplo el de captar la presencia de un animal en plena oscuridad por medio de un órgano que acusa la presencia del "calor" de su cuerpo, como sucede en ciertas víboras que cazan lauchas por percibir al pequeño animal gracias a un órgano termográfico que lleva incorporado en la punta de su hocico. Pero este artículo no pretende entrar más allá de lo que realmente me es útil para explicar lo que deseo.

     Creo que, llegado a este punto del "monólogo" estarán de acuerdo conmigo que la "disparidad de la calidad y cantidad de los órganos sensitivos en los seres vivientes hace que cada uno de ellos habite en un mundo distinto". ¡Qué riqueza la de la naturaleza entonces! Ella nos permite vivir en mundos distintos y, al mismo tiempo, compartir nuestro mundo con los mundos de los otros animales.

     Esta diferencia que existe entre los distintos animales existe también respecto al hombre actual y los homínidos del pasado, aunque en menor grado. Algunos de ellos habitaban en las copas de los árboles y precisaban que el dedo gordo de los pies estuviese dirigido hacia adentro, imitando una mano, para poder subir por los troncos de los árboles y para asirse de las ramas. Cuando algunas especies comenzaron a caminar erguidos fue necesario que dicho dedo cambiase su posición en el pie dirigiéndose más hacia adelante, para poder mantener el equilibrio al caminar. Ese cambio no sucedió de un día para otro sino que fueron necesarios millones años. Esta modificación del dedo gordo, fue acompañada de muchas otras que, a simple vista, no pueden ser detectadas. Durante la época en que ciertos hoimínidos se alimentaban de frutas de los árboles les bastaba con ese pie en forma de mano, pero cuando el clima cambió tanto transformándose ciertas regiones de bosque tropical en estepas secas perdiendo árboles estos parientes lejanos nuestros comenzaron a "bajar" cada vez con mayor frecuencia del árbol porque los alimentos se hallaban ya sobre el suelo, escaseaban los árboles y sus frutas. Esto pasó, por ejemplo en el este de África.

     Con el cambio de la forma del pie también se dio la adaptación de la vista, del olfato y del tacto. La comodidad de tomar una fruta del árbol desaparecía y el hominído tenía que buscar granos y desenterrar raíces para alimentarse. Con esto comenzaba el cambio de la forma del cuerpo pero también la de los órganos sensitivos.

     Basten estos ejemplos, los cuales me parecen suficientes para demostrar que habitamos un mundo más rico de lo que solemos imaginar. Cada animal, como nosotros, habitan en un mundo que ven, toca y huele en forma distinta. En esos mundos, en los cuales, hasta la noción del tiempo varía (para la mosca el tiempo sucede mucho más lentamente que para el hombre y para el elefante mucho más rápido) estamos nosotros insertos. Este concepto nos ayuda a comprender que los animales actúan distinto porque sienten y ven distinto. El hombre tiene sí, el privilegio de que es el único que está provisto de una capacidad de acción tal que, a diferencia de los otros, arrastra estos mundos a la destrucción porque mata y caza tan solo por placer. Ese infantilismo lo aleja de la virtud de ser un miembro digno. Sigamos insistiendo que debe cambiar y respetar la creación, que nos han prestado nuestro mundo para amarlo y no para destrozarlo.

     ¿Nos hemos preguntado como nos "ve" el gato de Doña María?