Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 5 Año II Diciembre 2003/Enero 2004

 

portada

 

 

 


 

 

 PRESENTACIÓN DE

 

 HEIDEGGER : UN PENSADOR INSOSLAYABLE,

 

de ARTURO GARCIA ASTRADA

 

 María Clemencia Jugo Beltrán (Argentina)

 


 

 

 

 

Lo que nos reúne hoy, aquí, es una presentación. Presentar es hacer presente y hacer presente es traer a la presencia lo que aún está oculto. Si de eso se trata, lo oculto que tenemos el honor de traer a la presencia es un conjunto de reflexiones, que a propósito de un meditar invitante como el de Martín Heidegger, el Dr. Arturo García Astrada realiza, abriendo senderos en la tarea del pensar y reiterando el llamado de trazar desde allí nuestras propias sendas como él mismo ha hecho. En su Epílogo nos recuerda una afirmación vertida por Heidegger en una entrevista: "...seguir a Heidegger carece de interés. Es necesario, o bien prolongar mi problemática en otras direcciones, o bien contradecirlas...hay que pensar Heidegger contra Heidegger..." Lo que lleva a cabo este conjunto de trabajos es justamente el prolongar la problemática del filósofo por caminos a veces coincidentes, a veces divergentes, planteando nuevas preguntas, proponiendo novedosos matices a su pensamiento, avanzando hacia nuevas respuestas

 

El libro que hoy se hace presente recorre caminos que circulan y rodean el problema central de la Filosofía, esto es el problema central del pensar, que a tientas rememora las preguntas y acuña las palabras en búsqueda de develar alguna faceta de lo misterioso, pero de ninguna manera pretendemos presentar al pensador. Arturo García Astrada no necesita ser presentado, él ha salido a la luz desde el pensar mismo, desde el poetizar y desde la mutua referencia que posibilita el pensar poetizante. Ha iluminado nuestra propia tarea de reflexión, no sólo con sus sugerentes cuestionamientos y afirmaciones en la conversación y en la escritura, sino en el ejercicio del respeto a la libertad de todo pensar que se propone auténtico, en el ejercicio del respeto de la diferencia. Esto muestra que para nuestro pensador el yo se subordina al claro donde puede darse lo verdadero, y esto nos devela al filósofo.

 

Compañero de sendas que se distancian del "trillado camino" por donde los hombres deambulamos en nuestra habitualidad, ha aunado en su pensamiento a Heráclito, Parmenides, Aristóteles, Espinoza, Kant, Hegel, Heidegger, la mística cristiana y la oriental, los nuevos aportes de la Física, no para producir un eclecticismo, sino porque Occidente revierte en la totalidad de sus nutrientes, y el sabe que sólo desde ellas nos apropiamos como nosotros mismos. Por eso medita a través de los surcos ya abiertos en el esfuerzo de pensar este fin del milenio como fin de una era, como epígono de un tiempo que en su acabamiento se recoge a la espera de un nuevo comienzo. En estos artículos el filósofo que convoca a la reflexión es Martín Heidegger, quien es, como el título lo expresa, un pensador insoslayable, "un hito y una cumbre" "en la crisis terminal de nuestra era", según nos lo presenta el autor en las primeras líneas del Prólogo.

 

El primero de los trabajos es el más temprano (1984) y más extenso, se presenta bajo el título Introducción a Heidegger y recoge sus clases que sobre el pensador diera en uno de sus cursos. La escritura de Arturo García Astrada es diáfana en su forma y en su fondo. En pocas líneas, desprovistas de todo aquello que pueda complicar el decir y el comprender, pero que por austeras no pierden armonía, es capaz de esclarecer lo que otro ha dicho y ha pensado y de exponer, juntamente, su propio pensamiento. La claridad en la exposición de temas tan complejos sin desmedro de la profundidad, revela al maestro. El artículo va exponiendo minuciosamente desde lo pensado en "Ser y Tiempo" un entramado de textos y temas acompañados de reflexiones y de posibles caminos hermenéuticos sobre lo dicho por el filósofo, convirtiéndose en un conciso e interesante despliegue de lo medular del filosofar heideggeriano. García Astrada muestra así al pensamiento de Heidegger como un caminar incesante y sin fisuras que propiamente no vira, sino que reúne desde das Ereignis a da Sein, y que fuerza y cincela el lenguaje para que abra lo que propiamente quiere mostrar.

 

En este artículo ya queda planteada una perplejidad para el pensamiento que será el hilo que enhebra hasta el final la totalidad de la obra: el tema de la finitud del ser, la relación entre lo indeterminado (to Apeiron)y el ser, esto es, el tema que aúna la totalidad del pensamiento del autor: el Tiempo y el Ser, el Tiempo y lo que permanece: "Tiempo y Eternidad". También, en plena relación con lo anterior, anticipa su interpretación sobre la noción de fundamento la que posibilita comprender el sentido de la negativa de Heidegger a pensar el ser como fundamento del ente.

 

El segundo artículo, de 1996, presenta el tema de la crisis de la metafísica a través de la crisis de la relación sujeto - objeto, la crisis del fundamento, la del humanismo, la de la idea del ser, la crisis de la idea del tiempo. En un rico recorrido por las más intrincadas sendas del pensamiento del filósofo, no por lo complicado del decir, sino por la complejidad del asunto a pensar, el autor arriba a la epocalidad destinal del ser, quien se dona reteniéndose, y abre así paso al próximo tema: Tiempo y Ser en Heidegger, artículo presentado en Carlos Paz en 1997 en el marco de las Jornadas de Filosofía de la Soc. Argentina de Filosofía.

 

El título ya orienta a la nombrada perplejidad, esto es, a la pregunta sobre la relación entre el tiempo y el ser dentro de la afirmación heideggeriana de la finitud del ser. El autor indica que, si la sentencia de Anaximandro que Heidegger medita habla de to Apeiron como el origen del ser, y donde tiempo y ser se conjugan, habrá que pensar lo dicho en la sentencia como "la irrupción del Ser como presencia". Así el Ser tiene su origen en el ápeiron, y en tanto tiene origen es finito. Y ¿qué hay que pensar como origen? Sorprendentemente la respuesta es: principio y fundamento En efecto García Astrada piensa el fundamento como Arch, un principiar que impera y rige el proceder y el retornar de los entes, que gobierna y acaba la época, no como aquello que fundando se desliga de lo fundado, sino como lo que fundando susta y cimienta, ocultándose en el durar, todo darse del tiempo y del ente. Citando a Heidegger prosigue "El Ser es lo esenciante, y ambos nombres arkhé y ápeiron nombran justamente esto".

 

Deliberadamente me he propuesto detenerme en el último de los artículos. El tema que aquí trata es: En Torno al Último Dios de Heidegger. El propósito no solamente se debe a la importancia del asunto, sino al empeño artesanal de su preparación, a la escritura, corrección y sobre escritura en la que fue preparado, como si el pensamiento y la palabra se resistieran a encontrar su punto, tanto que, uno de sus ensayos me fue entregado y luego prácticamente retirado, ya que se me pidió, casi diríamos enérgicamente, que no lo leyera, de tal modo que no me quedó otro camino que obedecer.

 

El trabajo se piensa en cercanía de lo escrito por Heidegger en Beiträge zur Philosophie (Vom Ereignis), si bien en un intento de pensarlo desde dos accesos dialécticamente conjugados: por una parte el clima histórico en el que Heideggeer medita sobre un Occidente que ha presenciado los máximos cataclismos producidos por el hombre, quien se piensa desde el poder y la devastación en el extremo final de la historia de la Metafísica: huida de los dioses, maximización del pensar técnico emplazante, peligro extremo de la pérdida de la esencia del hombre. Por otra parte el clima histórico de García Astrada que no sólo pertenece a lo anteriormente señalado, sino que le toca pensar en las postrimerías de una época, en lo que cree son los últimos años de lo que en Grecia y el Cristianismo tuvo su origen, y ha llegado el tiempo del retorno que anticipa un nuevo comienzo El artículo juega así un contra punto en el cual se edifica un pensamiento propio.

 

Una vez que con la clara síntesis con que acostumbra exponer los temas más oscuros, ha esclarecido lo esencial de las referencias de Heidegger sobre el último Dios, dice nuestro autor: "A la divinidad no la podemos objetivar ni representar porque nosotros participamos de ella; en mayor o menor medida todos nosotros somos divinos". A partir de esta afirmación y a propósito de la afirmación de Heidegger "el último Dios necesita del hombre", comienza un camino prolífero en recurrencias a numerosos pensadores, místicos, teólogos poetas y citas del Antiguo y Nuevo testamento que de ninguna manera pretenden comprometer la respuesta que Heidegger daría a tal pregunta. Las referencias son traídas no tanto en ayuda de su pensamiento, sino para pronunciar lo mismo de muchas maneras, para abrir multívocamente la misma y casi innombrable convicción: "que lo divino está como vertido, como disperso, como ‘prisionero’ (...) entre los hombres y aún entre las cosas del mundo. Desde allí Dios necesita ‘reconquistarse’, a través del hombre, para ser sólo Dios, para que Dios sea Todo en todo". Proceso indetenible de deificación "para que todos sean Uno...". Consumación de la Apocatástasis en la que Dios es Todo en todos. Con esta lectura puede comprenderse, piensa, que para Heidegger el último Dios signifique la muerte del hombre. Este último periplo sólo es el cumplimiento del origen y el inicio de un nuevo eón.

 

Más adelante, en el Epílogo, dirá en las palabras que identifican su pensamiento: "El UnoTodo que infinitamente acontece, va donando, no simultáneamente su eternidad, sino que lo va haciendo acompasada y rítmicamente. A cada uno de estos compases los griegos (...) llamaron eón, con una duración aproximada de 2.000 años cada uno". Esto puede nombrarse época y también era. García Astrada piensa a Heidegger como el filósofo que lúcidamente advierte el fin de una era y el nuevo comienzo, experimentando la crisis de la decadencia del principio, en la preparación de lo que surgirá en un nuevo decir de Dios. Dios que es Todo en todo, el Uno-Todo.

 

La abundancia de referencias que habíamos advertido como la necesidad de la multivocidad de lo mismo, encarna una dialéctica de coincidencias no sólo entre Heidegger y su propio pensamiento, sino de todos los que desde distintas sendas experimentan y piensan lo que se retira e invita a ser pensado como constante pregunta. Por ello no quiere terminar su Epílogo sin mostrar la mutua referencia entre las afirmaciones del filósofo y el pensamiento oriental, a sí como la cercanía con las afirmaciones de la última Física. Nos atrevemos a decir que la referencia hecha por nuestro autor del Tao-Te-Ching sobre el vacío y la jarra, están expresamente trabajadas por Heidegger en su artículo "Das Ding", cosa que nos ha sorprendido. Pero el Doctor García Astrada siempre sorprende cuando se propone mostrar cuantas relaciones existen entre los más grande filósofos occidentales y la sabiduría oriental, de la que seguramente han bebido pero a la cual nunca hacen referencia debidamente.

 

No podemos pasar por alto el Apéndice final del presente libro, cuyo título incitó nuestra curiosidad: El Planeta Tierra en el Fin de una Era. Allí, retomando el hilo central que necesita a anudar a modo de síntesis, nos advierte que el retorno epocal a los orígenes está presente en todo mito cosmogónico: el retorno a Caos, a la cointidentia oppositorum, el "eterno retorno" de un nuevo acto creacional que reinicia el ciclo de la multiplicidad donde rige el arkhé epocal. Este pensamiento de lo primordial reticula el pensar de los griegos, está presente en el fin tenebroso de un Manvantara según la tradición hindú y en textos de la tradición judeocristiana, pero también se ha instalado, nos dice, en la problemática más actual de la ciencia con las nuevas concepciones sobre el tiempo del físico Prygogine.

 

Prosiguiendo con su pensamiento a cerca de los orígenes, y proponiendo esto como su respuesta al problema de la finitud del ser y de la eternidad del Dios que siempre ha sido, el Uno que, in fieri, va siendo todas las cosas, proceso circular de implicatio - explicatio, nos habla del cumplimiento de los 2.000 años de nuestra era y recuerda las palabras de Heidegger: "Ningún hombre, ningún grupo humano...Ninguna organización solamente humana es capaz de ejercer dominio sobre la época". "Antes que el Ser pueda acontecer en su verdad original...debe el mundo ser forzado a su desmoronamiento...Después de un largo tiempo de este hundimiento acontece el súbito instante del comienzo". En sus propias palabras: El Uno-Todo "no es estático sino que infinita y eternamente está aconteciendo ...va donándose epocalmente, y así va fundando diversos mundos. Cada mundo fundado tiene un principio y tiene un fin". En torno al principio "se estructura todo un sistema de conceptos, de valores, de leyes, de costumbres, de instituciones..." Arkhé y Telos, Arkhé y an-Arkhé se codeterminan en su irrupción, vigencia y corrupción, esto en palabras de Nietzsche se nombra como el crecimiento del desierto. Pero el fundamento, el Uno-Todo, permanece y desde las cenizas puede reinagurar un nuevo comienzo.

 

En síntesis, pensamos que el aporte de Arturo García Astrada en el presente libro tiene una doble vertiente: por un lado abre una perspectiva para pensar nuestra época y la crisis de los valores que fundaron Occidente cristiano en la que vivimos. Por otro, al leer lo no dicho en lo dicho por Martín Heidegger, saca a la luz las palabras que, a lo mejor, el filósofo se ha resistido a pronunciar, vaya a saber por qué razones, entre las que pensamos se encuentran compromisos de coherencia metodológica y de afirmaciones sobre la relación Teología y Filosofía que lo privan de pronunciarse sobre las cuestiones últimas, aquellas que nos conducen al Misterio. Debemos por tanto agradecer a nuestro pensador el poner para nosotros pensamientos de honduras tan profundas que atañen a la intimidad más íntima de nuestra esencia, aquello que sin saberlo ya somos y por lo que fuimos llamados en nuestro propio nombre.