Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

Número 11 Año III Enero 2006

 

portada

 

 

 


PETER SLOTERDIJK: EXTRAÑAMIENTO DEL MUNDO.

 ABSTINENCIA, DROGAS Y RITUAL.

 Adolfo Vásquez Rocca (Chile)


 

 

 

 

 

“La historia de la cultura es la historia de la abstinencia”

Peter Sloterdijk

 

 

Abstract e Introducción

 

Este escrito  trata de la fenomenología de la adicción o de lo que se ha dado en llamar la “experiencia secuestrada", esto es, del modo en que los psicotrópicos -y los fármacos en general- se presentan como un modo de suplir la ausencia de experiencias existenciales genuinas y gratificantes. Para ello me ocupo del análisis de la obra del filósofo alemán Peter Sloterdijk, célebre por su ya legendaria Crítica de la razón Cínica (i), aunque aquí acotaré mi investigación a otra de sus obras más sobresalientes: Extrañamiento del Mundo (ii) .  

 

Sloterdijk, en Extrañamiento del mundo, concibe la adicción -a la que diferencia del consumo de drogas como parte de un ritual de éxtasis o de embriaguez- como una "dialéctica de huida y búsqueda de un mundo".

 

Sloterdijk hará referencia al orden del mundo antiguo –chamánico–, donde las “drogas” poseían un status fármaco-teológico –ellas mismas son elementos, actores y fuerzas del cosmos ordenado en donde los sujetos intentan integrarse con miras a su supervivencia–. Las ayudas farmacéuticas son especialmente requeridas en tiempos en que los individuos se sienten enfermos y extraños (iii).

 

Los resultados de estas investigaciones  serán objeto de análisis tanto en la Cátedra de Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello, como en los siguientes Seminarios  de Postgrado en el presente año 2006: Magister en Etnopsicología de la Escuela de Psicología  de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (iv) y  Magister y Doctorado en Filosofía (v), en el Instituto correspondiente de la mencionada Universidad.

 

Descriptores

Antropología – Filosofía – Crítica cultural –  Razón cínica  – Magister en Etnopsicología    Historia de la civilización –  abstinencia – drogas    ritual  – adicción – Medicina.

 

1. Critica de la Razón Cínica.

 

Desde su monumental Crítica de la razón cínica (vi), de 1983, profusamente leída y debatida en Alemania, saludada por Jürgen Habermas como el acontecimiento más importante en la historia de las ideas desde 1945, el alemán Peter Sloterdijk se ha impuesto como uno de los pensadores europeos más fecundos e innovadores, su obra desató una fuerte polémica, alcanzando una influencia y gravitación quizá similar a la que tuvo en la década del veinte La decadencia de Occidente (vii), de Spengler.

 

Sloterdijk quien enseña filosofía en la Hochschule für Gestaltung de Karlsruhe, Alemania, se encuentra inserto en la tradición de Nietzsche y Heidegger, emparentado a la vez con artistas contemporáneos de la sensibilidad de Wim Wenders y Peter Handke.

 

La Crítica de la razón cínica puede leerse como una puesta al día de la Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer. No se trata ya del nihilismo en ascenso, ni la metamorfosis de la razón en un nuevo mito ni, mucho menos, del dominio de la razón instrumental lo que Sloterdijk describe y denuncia, sino el cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas. Ese 'nuevo cinismo' que se despliega como una negatividad madura que apenas proporciona un poco de ironía y compasión, pero que finalmente desemboca en la desesperanza. Un cinismo que Sloterdijk define como 'falsa conciencia ilustrada': la de quienes se dan cuenta de que todo se ha desenmascarado y pese a ello no hacen nada, la de quienes se dan cuenta de que la escuela de la sospecha tampoco ha servido de mucho. De allí cierta voluntad iconoclasta,  voluntad de ruptura con el pacto cívico ante una comunidad que aparece inauténtica y perturbada, por lo que el verdadero cínico prefiere escapar de la alienación, optando por el camino autárquico (autarkeia) antes que andar embrutecido como el rebaño domesticado, gobernado por las rutinas y convenciones de la gran ciudad.

 

Sloterdijk realiza una "deconstrucción" radical -en el más genuino sentido del  postestructuralismo francés- del concepto de logos tal y como nos lo ha legado la historia de la filosofía occidental, y para hacerlo se sirve del cinismo antiguo: de la risa, la ironía y las interpelaciones.

 

El escándalo parte de su melancólica declaración del fracaso del humanismo como utopía de la domesticación humana mediante la lectura, ante las nuevas técnicas de agitación y desinhibición de las masas, pero también del supuesto coqueteo con el vocabulario nazi y con las peligrosas fantasías de Nietzsche acerca del superhombre, así como con las ideas de Platón sobre el Estado como parque zoológico humano, donde una elite de sabios planifica la vida de los hombres al modo de un staff de tecnócratas al frente de una empresa de ingeniería genética (viii).

Sloterdijk desarrolla, así, un nuevo tipo de fenomenología y ontogénesis de los espacios humanos, repasando sus aventurados vericuetos por el imaginario de la historia, el arte, la literatura, la música pop, la mitología, la patrística, la medicina magnetopática, la psicología analítica, la mística y la filosofía.

 

2. - En el mismo barco; de las hordas al turismo a escala mundial.

 

Sloterdijk nos presenta un fresco histórico universal de formato hegeliano -esto para disgusto de aquellos que se solazaban con el fin de los grandes relatos-. Sloterdijk realiza un mega-relato de la globalización. Sitúa primero la globalización metafísica, la de la cosmogonía griega, después, la de fines del siglo XV, la globalización náutica; cuando el cosmos eran la Tierra, el globo terráqueo y la esfera celeste, hasta que en el siglo XX el globo celeste desaparece y la Tierra se queda sola. La tercera etapa, la actual, sería la globalización electrónica informática, en la que –dice Sloterdijk– los hombres superan las distancias, y el mundo vuelve a hacerse más pequeño, porque si la segunda etapa generó el cosmopolitismo, la tercera globalización produce un provincianismo global.

 

Como en su breve ensayo En el mismo barco (xi) (1993) donde recorre la historia universal a través de travesías exploratorias por las diversas fantasías sociales (x). Aquí, tomando como imagen directriz la metafórica de la navegación, Sloterdijk esboza una teoría de los estadios históricos del género humano.

 

En el  primero, se indaga en lo arcaico, en la originaria  vida de las hordas, aquí nos presenta a las antiguas hordas como una especie de islas flotantes, que avanzan lentamente, de modo espontáneo, por los ríos de la vieja naturaleza. Se separan del medio exterior por la revolucionaria evolución de las técnicas de distanciamiento –sobre todo por la novedosa sincronía de huida y contraataque– y están sujetas desde su interior por un efecto invernadero emocional, que amalgama a los miembros de la horda –a través del ritmo, la música, los rituales, el espíritu de rivalidad, los beneficios de la vigilancia y el lenguaje– en una especie de institución psicosocial total.

 

En el segundo período, la época mundial de la navegación, se describen poderosas fragatas, con galeras estatales, que parten hacia arriesgados y lejanos destinos. Si antes se ha señalado que los primitivos grupos humanos habían surgido de la vieja naturaleza por una especie de formación de islas, ahora, para proseguir con esta idea, se tendrá que asumir que, en cuanto el fenómeno del dominio se volvió epidémico, los grupos humanos empezaron a explotar a otros grupos  como si fueran de una naturaleza distinta. Aquí la “humanidad” se escinde en dos grupos, los  que crecen por el esfuerzo y los que se estancan en el sufrimiento.  La política clásica busca cohesionar a estos grandes grupos; si cabe decirlo así, los hombres se acercan más entre sí, cuanto más extraños se hacen entre sí. Lo que les une ahora es la íntima extrañeza del amo y el esclavo (xi).

 

La tercera época, es la del turismo a escala mundial y de mares de ahogados, la política es como un crónico y masivo accidente de coches en una autopista envuelta en la niebla.

 

Con la humanidad caminando a tientas, la antropología viene a ser la "ciencia de la imprudencia y de la frivolidad del ser humano al edificar formas de vida sobre promesas imposibles”. La marcha del mundo en su conjunto se asemeja mucho más a una fiesta de suicidas a gran escala que a una organización de seres racionales enfrascados en la tarea de conservarse a sí mismos (xii).

 


3.- Extrañamiento del Mundo; abstinencia, drogas y ritual.

“¡Ay! quién nos contara la historia completa de los narcóticos! Ella es punto menos que la historia de la 'formación', de lo que suele llamarse civilización”.

                                         F. Nietzsche , Die fröhliche Wissenschaft, 86

 

 

En Extrañamiento del mundo (xiii), Sloterdijk piensa al hombre como mediocridad insatisfecha, semidepresiva, como una vitalidad atontada que triunfa, como un animal triste que se menosprecia, hundido en la ambigüedad del propio yo. Y hallará en la música el abastecimiento de la necesidad de huida del mundo y en las drogas, un fallido intento para derribar la ontología de la trivialidad.

 

Las reflexiones sobre la droga arrojan luz sobre rincones ciertamente inéditos de la historia de la civilización y el pensamiento.

 

El desafío de la cuestión para los investigadores actuales estriba en retrotraerse, con ayuda de la fuerza imaginativa histórica, a una época en que las drogas actuaban, sobre todo, como vehículos de un tráfico fronterizo, metafísico y ritualizado.

 

El uso ritualmente acotado de drogas forma parte, desde el punto de vista psicológico, de las casi desaparecidas prácticas chamánicas.  En éstas se concibe el interior humano en la medida en que está ya delimitado, no tanto como esfera anímica cerrada y autónoma, sino como espacio de manifestación y escenario para lo que ha de llegar, acontecer y consumarse.

 

Al respecto Sloterdijk esboza la tesis de que la filosofía nació cuando los descendientes de los magos se establecieron en la polis y hubieron de acomodarse a las reglas de la intermediación  urbana, o cuando señala que, en el momento en que la extática quedó sometida a la retórica, se desarrolló una magia civil cuyos discípulos comenzaron a dedicarse a oficios en apariencia completamente desembriagados, como políticos, oradores, educadores y juristas.

 

Ahora bien, es aquí en Extrañamiento del Mundo  (xiv)donde Sloterdijk propone leer la  Historia de la Cultura como historia de la abstinencia (xv). A partir de lo cual, el filosofar pasa a ser concebido como “una forma procesal de la sobriedad” y el análisis antropológico-cultural del problema de las drogas  remite a una especie de fenomenología del espíritu propenso a la adicción (xvi). Sloterdijk, en Extrañamiento del mundo, concibe la adicción (a la que diferencia del consumo de drogas como parte de un ritual de extásis o de embriaguez) como una "dialéctica de huida y búsqueda de un mundo", y cita extensamente el libro de Jünger Acercamientos; Drogas y ebriedad (xvii) o lo que Giddens caracteriza como la “experiencia secuestrada", esto es, un particular intento de suplir la ausencia de experiencias existenciales genuinas, donde encontrar un arraigo para la vida. Quien se hace adicto a los narcóticos es porque carece de motivaciones fuertes en cualquier otra dirección.  La droga se impone por defecto, nadie decide ser un adicto -se despierta una mañana enfermo y ya se es adicto-. La droga tiene un carácter sustitutorio. Sustitutorio del culto al dinero y del éxito intramundano. Quien no pueda acceder a esas drogas sustitutorias es, en el decir de Sloterdijk (xviii), arrojado de hecho a las drogas duras. Quien no puede drogarse con grandes cuotas de éxito o dinero simplemente tiene que consolarse con sustitutos químico-farmacológicos, con una felicidad sintética y espectral.

 

Sloterdijk habla de "la autoexperiencia pánica del acto de presencia", de donde se concluye que 'la ausencia' sería un 'darse cuenta' del mundo interior, sin interferencias, como si esa zona de fantasías, anticipaciones y deseos, interviniera para mitigar la intensidad de la presencia o de la ausencia. De modo tal que casi sería posible pensar en la evolución del hombre occidental como la historia de su alejamiento del mundo externo y del mundo interno como una historia de la fantasía. De modo que gracias a la fantasía y, si se quiere, a la sublimación, es que los mecanismos neuróticos han tenido originariamente una función adaptativa sin la cual hubiese sido imposible el desarrollo tecnológico y científico así como el de las artes.

 

En la ideología clásica y su crítica, el hombre estaba subyugado por las necesidades, sujeto a ellas y se refugiaba en las ilusiones. Ahora ocurre justo lo contrario, vivimos en el lujo y simulamos las necesidades. Es una comedia de la necesidad.

 

Pero debemos precavernos, la palabra droga seguirá siendo una designación defectuosa en tanto la entendamos sólo en su identificación químico-farmacéutica y policíaco-cultural.  En el orden del mundo antiguo chamánico, las “drogas” poseían un estatus fármaco-teológico –ellas mismas eran elementos, actores y fuerzas del cosmos ordenado en donde los sujetos intentaban integrarse con miras a su supervivencia-. Las ayudas farmacéuticas son especialmente requeridas en tiempos en que los individuos se sienten enfermos y extraños.  En ellas buscan asilo los hombres cuando están persuadidos, por sí mismos o como cuerpo social, de que se presenta una interrupción de la armonía global.  De manera que las sustancias psicotrópicas no se utilizan para la embriaguez privada sino que actúan como reactivos de ‘lo santo’, como apertura senso-espiritual a lo demoníaco.

 

Ahora bien, más allá de estas consideraciones antropológico-culturales, no cabe duda que las campañas contra la droga, sean con miras terapéuticas, religiosas, policiales o jurídicas, merecen ser interpretadas como parte de un complejo drama psicohistórico. El sentido de esas campañas no queda claro mientras no se tenga en cuenta que son parte de una lucha espiritual de insondables orígenes, una guerra con frentes confusos, alianzas conspirativas, que puede ser rastreada en la historia de las culturas, desde los albores de la humanidad hasta  nuestra complejas sociedades postmodernas, lo que indica que en esta arena el hombre ha jugado siempre su destino, adquiriendo este combate entre la embriaguez y la sobriedad una dimensión épica.

 

Notas

(i) SLOTERDIJK, Peter,  Crítica de la razón cínica, Siruela, Madrid, 2004

(ii) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001.

(iii) Ver Artículo relacionado “William Burroughs; Metáfora Viral, compulsión y Literatura conspirativa” en Revista Observaciones Filosóficas  http://observaciones.sitesled.com/metaforaviral.html

(iv) http://observaciones.sitesled.com/postgrado.htm

(v) http://www.pucv.cl

(vi) SLOTERDIJK, Peter,  Crítica de la razón cínica, Siruela, Madrid, 2004
(
vii) SPENGLER, O., La decadencia de Occidente (1918), Espasa-Calpe, Madrid 1926, 4 vols.

(viii) El hombre goza y sufre, a su vez, su ser animal, mantenimiento algunos aspectos de su fase larvaria, desde donde  alarga su morfología fetal.

(ix) SLOTERDIJK, Peter, En el mismo Barco, Editorial Siruela, Madrid, 1994

(x) “Las sociedades son sociedades mientras imaginan con éxito que son sociedades”.

(xi) SLOTERDIJK, Peter, En el mismo Barco, Editorial Siruela, Madrid, 1994, p 55.

(xii) SLOTERDIJK, Peter, Experimentos con uno mismo, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2003.

(xiii) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001.

(xiv) Ibid.

(xv) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001, p. 123

(xvi) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001, p. 139

(xviii) Acercamientos. Drogas y ebriedad.  Obra expone las experiencias de Jünger con varios tipos de sustancias psicoactivas, tanto enteogénicas como estimulantes u opiáceos.

(xviii) SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pre-textos, Valencia, 2001, p.138.