Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo.

ISSN 1669-9092

KONVERGENCIAS LITERATURA

Año I Nº 1 Enero 2006

 

inicio

 

 

 


 

LA MUERTE DE UN PÁJARO

 

REQUIEM PARA FEDERICO GARCÍA LORCA

 

 

Vinicius de Moraes (Brasil)

 

 

Traducción: Cristina Roganti

 


 

 

 

 

 

 

 

 Esta crónica pertenece a Para viver um grande amor–crónicas e poemas, libro editado por Companhia das Letras, São Pablo, 1991.

 


Según Otto Lara Resende,  en esta obra está el Vinicius más accesible, el que se abrió al gran público, antes de ser alcanzado por la universal popularidad que buscó y encontró  como exponente de la MPB –Música Popular Brasileña.

 

 

Como su maestro Manuel Bandeira y su amigo Carlos Dumond de Andrade, como tantos poetas, Vicinius escribió crónicas y en ellas es donde el universo del poeta se recorta con más nitidez. De todas las dimensiones de ese universo, de la afectividad a la literaria, de la musical a la familiar, habló el cronista con el sabor y la fuerza que caracteriza ese género de prosa.

 


Ajeno a la controversia de teóricos y críticos sobre el género, casi sin querer, el Poeta definió su concepto de crónica, o sea, una conversación íntima y libre que, partiendo de su interés personal, va a interesar a todos sus lectores.

 


Concluye Lara Resende que en este libro Vinicius de Moraes encerró su face de inquilino de lo sublime. Puertas y ventanas abiertas, corazón abierto y generoso, Vinicius está aquí, tal como fue, tal como es, para el encuentro o el reencuentro com el lector.

 

En el contexto de la cultura brasileña, la presencia de Vinicius de Moraes se recorta y proyecta en diversas manifestaciones artísticas. Fue cronista, letrista de música popular, poeta. Su producción incluye obras de teatro. Fue un poeta que ligó la poesía a lo cotidiano y para esto, la música fue un vehículo muy eficiente.


Nació en Río de Janeiro en 1913.  En 1933 se recibió de abogado. En 1938 estudió en Oxford lengua y literatura inglesa, lo cual promovió cambios en su poesía –de la grandilocuencia a la concisión. En 1941 inició su trabajo en Itamaray y cinco años despúes asumió su primer cargo  diplomático como vice-cónsul en Los Ángeles. Esta situación le permitió relacionarse con el mundo del cine y del jazz .


La gran popularidad e Vinicius deviene de su presencia en la música popular brasileña junto a Toquinho, Tom Jobim y Chico Buarque, entre otros.


Mundo de lecturas dispersas, impregnadas de interrogaciones metafóricas y retórica esotérica;  calidad de poeta con el perfil clásico del trovador, artista itinerante que necesita siempre una nueva pasión para sentirse realizado. 

 

Sus libros de poesía: O sentimento do bulime, A saudade o cotidiano (inicialmente llamado Novos poemas), Intermédio elegíaco, O encontro do cotidiano, Nossa Senhora de Los Angeles e Nossa Senhora de Paris, A lua de Montevidéu, Poesia vária, Poesia coligida, Cancioneiro, Poemas infantis.


Volúmenes de crónicas: Reportagens poéticas, Para viver um grande amor, Para uma menina com auma flor, crónicas.


Teatro: Cordélia e o peregrino, Orfeu da conceição, Procura-se uma rosa e As feras.

As

 

Él estaba pálido y sus manos temblaban. Sí, él estaba con miedo porque era todo muy inesperado. Quiso hablar, y sus labios fríos mal pudieron articular las palabras de terror que le causaba ver a todos aquellos hombres preparados para matarlo. Había estrellas infantiles balbuceando oraciones matinales en el cielo  diluido. Su mirar se elevó hasta ellas, y él, menos que nunca, comprendió la razón de ser de todo aquello. Él era un pájaro, había nacido para cantar. Aquella madrugada que se iniciaba para presenciar su muerte, ¿no había sido siempre  su gran amiga?, ¿no se había quedado tantas veces escuchando sus canciones en silencio? ¿Por qué le habían arrancado su sueño poblado de aves blancas y hecho marchar en medio de los otros hombres de barba ruda y mirar sombrío?

 


Pensó en huir, en correr locamente para la aurora, en batir alas inexistentes hasta volar. Escaparía así a la fría saña de aquellos cazadores malos que lo confundían con el cuervo, él cuya única misión era cantar la belleza de las cosas naturales y el amor de los hombres; él, un pájaro inocente, en cuya voz había ritmos de danza.


Pero permaneció atónito, sin creer bien que aquello estuviese aconteciendo. Era, por cierto, un malentendido. Pronto llegaría la orden para soltarlo, y aquellos mismos hombres que lo miraban con ruin catadura llegarían hasta él riendo francamente y, abrazados, irían a beber manzanilla en una tasca cualquiera y cantarían canciones de cante-hondo hasta que la noche viniese a recoger sus cuerpos borrachos dentro de su negra, maternal mantilla.


Las órdenes, mientras tanto, fueron rápidas. El grupo fue llevado, a culetazos y empujones, hasta la zanja común y los tensos cuellos colgaron en el desaliento final. Labios se partieron en adioses, murmurando avemarías y consuelos. Solamente su cabeza se movía para todos lados en un movimiento de búsqueda y negación. Como la de un pájaro frágil en manos de cazador impiadoso. La sangre le cantaba en los oídos, la sangre que fuera la savia más viva de su poesía, la sangre que había visto y que no quiso ver, la sangre de su España loca y lúcida, la sangre de las pasiones desencadenadas, la sangre de Ignacio Sánchez Mejías, la sangre de las bodas de sangre, la sangre de los hombres que mueren para que nazca un mundo sin violencia. Por un segundo le pasó la visión de sus amigos distantes. Alberti, Neruda, Manolo Ortiz, Bergamín, Delia, María Rosa –y mi propia visión, la del poeta brasileño que habría sido como un hermano suyo y que de él vendría a recibir el legado de todos esos amigos ejemplares, y que con él habría pasado noches tocando la guitarra, intercambiando canciones dolientes.


Sí, tuvo miedo. ¿Y quién, en su lugar, no lo tendría? Él no nació para morir así, para morir antes de su propia muerte. Naciera para la vida y sus regalos más ardientes, un mundo de poesía y música, configurado en el rostro de mujer, en el rostro del amigo y en el rostro del pueblo. Si hubiese tenido tiempo de correr por el campo, su cuerpo de poeta-pájaro se hubiera liberado ciertamente de las contingencias físicas y alzado vuelo para los espacios; pues tal era su ansia de vivir para poder cantar, cada vez más lejos y cada vez mejor, al amor, al gran amor que era en él sentimiento de permanencia y sensación de eternidad.


Pero fueron apenas otros pájaros, sus hermanos, los que volaron asustados dentro de la luz del amanecer, cuando los tiros del pelotón de la muerte sonaron en el silencio de la madrugada.

 

 

 

Nota: Las palabras en cursivas están en español en el original.